(Minghui.org) Durante los 27 años que llevo practicando Falun Dafa, Shifu siempre me ha bendecido y protegido. Shifu me sacó del infierno y me purificó. Cuando caí, Shifu me ayudó a levantarme, y cuando estaba confundido, Shifu me mostró el camino. También me gustaría dar las gracias a los practicantes de mi zona por su ayuda desinteresada y su dedicación. Me ayudaron a dar un paso adelante y a mantenerme firme en el camino de la cultivación.
Catástrofe familiar
Cuando comencé a practicar Falun Dafa en 1997, dejé de pelear, apostar, fumar y beber. Mi esposa, que vio cuánto había cambiado, aprobó mi práctica de Falun Gong (también conocido como Falun Dafa), y mi hijo a veces meditaba conmigo. Nuestra familia era feliz.
Luego, en julio de 1999, el Partido Comunista Chino (PCCh) y su líder Jiang Zemin comenzaron la persecución a Falun Dafa. Como fui muchas veces a Beijing para aclarar la verdad, me arrestaron, me multaron, me encerraron en centros de lavado de cerebro y me encarcelaron en un campo de trabajo forzado. Me despidieron de mi trabajo en 2000. Mi esposa no pudo soportarlo e intentó impedirme que estudiara el Fa y practicara los ejercicios. Me golpeaba, me reprendía y amenazaba con suicidarse y divorciarse. Por mucho que me molestara, mi corazón no se conmovía y ella tuvo que dejarlo. Aunque en apariencia se oponía a que yo practicara, en su corazón sabía que Dafa era bueno. Cada vez que me arrestaban y la policía registraba nuestra casa, ella protegía el retrato de Shifu y guardaba mis libros de Dafa en un lugar seguro.
Presión intensa
En 2004, fui arrestado. Sin recursos económicos, mi esposa vendió nuestro apartamento para que nuestro hijo pudiera ir a la universidad y se fue a trabajar a otra zona. En 2007, me liberaron del campo de trabajo forzado. Como nuestro apartamento se había vendido, mi esposa seguía trabajando en otro lugar y mi hijo vivía en el campus de la universidad, no tenía dónde quedarme. Además, tenía una deuda de 10 000 yuanes (1428 dólares). No tuve más remedio que vivir temporalmente con mis padres ancianos.
Soy un cultivador y no debo causar problemas a mi familia, así que fui a ver al supervisor donde solía trabajar y le pedí que me devolviera mi trabajo. Me dijo: «Primero tienes que «transformarte». Escribe una declaración de arrepentimiento y entonces podrás conseguir un trabajo».
«¿Cómo me voy a “transformar”?», le pregunté. «¿“Transformarme” de ser una buena persona a ser una mala persona? Antes de practicar Falun Dafa solía pegar y maldecir a la gente, pero ahora soy una buena persona. ¿Cómo quieres que me “transforme”?».
El supervisor me dijo que si seguía practicando, no podría ayudarme. Su subordinado intervino: «Para conseguir un trabajo, inclina la cabeza, admite tus errores y deja de practicar».
«La policía me golpeó casi hasta matarme en el campo de trabajo, pero no renuncié a Falun Dafa», le dije.
El supervisor respondió: «No puedo solucionarlo, así que solo puedes ser un trabajador temporal para la empresa». Tuve que aceptar.
Pero cuando me presenté en la oficina de Recursos Humanos, el director me puso todas las trabas posibles. De hecho, me pidió dinero. Había oído decir que este director era corrupto y que, si querías un trabajo allí, tenías que darle dinero, porque si no, no te lo daba.
No podía tolerarlo, y mucho menos doblegarme, así que le expliqué al director porqué me habían despedido de mi trabajo, a pesar de que no había infringido la ley por practicar Falun Dafa. Le dije que, para ser una buena persona, hay que ser amable y no apoyar la tiranía. Se conmovió y finalmente accedió a dejarme trabajar allí. Ese fue el poder de Dafa. A partir de entonces, tampoco volvió a hacer nada malo a los practicantes. Gracias, Shifu, por sus bendiciones.
Con un salario mensual de 620 yuanes (88 dólares), tenía que pagar mi deuda cada mes (500 yuanes) y cubrir mi alquiler (20 yuanes), por lo que solo me quedaban 100 yuanes para gastos de manutención. Compraba pimientos verdes y un trozo de tofu una vez al año. De vez en cuando, los practicantes me daban patatas, coles y huevos.
Alquilé una cabaña de menos de diez metros cuadrados (100 pies cuadrados) en la ladera de una colina. Hacía frío en invierno y calor en verano. Mis amigos se escondían de mí y solo mis compañeros practicantes venían a ayudarme. Un día, trajeron carbón y mi corazón se derritió. Era una expresión de sus corazones sinceros y bondadosos.
Los practicantes que vinieron a hablar conmigo me animaron a memorizar las enseñanzas del Fa. Así que comencé a estudiarlas y memorizarlas, y el Fa desbloqueó mi sabiduría y me di cuenta de lo que había hecho mal. No me quejé de nada. Era un problema con mi cultivación.
Cuando realmente miré hacia mi interior, encontré muchos apegos: egoísmo, resentimiento y mentalidad competitiva. Eran estas cosas corruptas las que habían impedido que mi xinxing mejorara. Desde niño, me había negado a inclinarme ante nadie cuando hacía algo mal. Quería desprenderme de mi ego y mi reputación, así que primero le pedí perdón sinceramente a mi esposa. La llamé y le dije: «Llevas muchos años ganando dinero para que nuestro hijo vaya a la escuela y has trabajado muy duro, pero yo no he hecho un buen trabajo. Lo siento. En el futuro haré un buen trabajo y envejeceré contigo». Unos días más tarde, mi esposa me compró una chaqueta de cuero y me la envió por correo.
Fue Shifu quien vio que mi corazón había cambiado y que tenía el deseo de salvar a la gente, por lo que hizo que mis familiares me ayudaran para que pudiera salvar a la gente. Mi hermano me regaló una vieja motocicleta. Una vez que tuve la motocicleta, iba a trabajar durante el día y por la noche hacía cosas para ayudar a salvar a la gente. Iba en mi motocicleta a todas partes, distribuyendo materiales para aclarar la verdad y colgando pancartas con mensajes de Dafa.
Mi hijo quería casarse dos años después de graduarse en la universidad. Yo todavía vivía con mis padres y no tenía ahorros. No pedí nada; dejé que Shifu se encargara de todo y dejé que las cosas siguieran su curso natural.
Cuando les dije a mis futuros familiares políticos que mi familia era pobre, la futura suegra de mi hijo dijo: «No queremos nada, solo queremos a tu hijo». Lo elogió por ser guapo, confiable y honesto.
Vi que mi futura nuera era digna, lo cual era una bendición de practicar Dafa. Las chicas de hoy en día piden a los hombres casas y coches cuando se casan. Teniendo en cuenta las circunstancias de mi familia, ni siquiera me atrevía a imaginar que algún día tendría una nuera.
Además, mis familiares políticos eran ricos. Compraron un apartamento grande, gastaron más de 300 000 yuanes (42 900 dólares) solo en reformas y no le pidieron ni un centavo a mi familia.
Mis nuevos familiares políticos eran muy educados cada vez que nos veíamos. Poco después de que nuestros hijos se casaran, mis suegros les compraron un coche por 260 000 yuanes (37 000 dólares). Creo que todo esto fueron bendiciones de Dafa.
Viajando miles de kilómetros para ayudarnos mutuamente
Cada día, antes de que saliera el sol, nuestro coche lleno de materiales para esclarecer la verdad ya estaba en la carretera. Por las mañanas íbamos a aldeas remotas y por las tardes a otras aldeas. Compartíamos nuestros conocimientos del Fa y nos coordinábamos entre nosotros. También ayudábamos a muchos compañeros practicantes que tenían problemas de salud.
Daré solo dos ejemplos. Una practicante con diabetes estaba demacrada y débil desde hacía muchos días. Comía y se alojaba en la casa de una practicante de nuestra zona, y todos estudiábamos el Fa y hacíamos los ejercicios juntos. Tres días después, regresó a su casa sana.
También había un practicante hombre de otro lugar, que parecía tener hepatitis, con los ojos amarillos e ictericia, y que jadeaba después de subir unos pocos escalones. Lo llevé a mi casa para que viviera conmigo. Dijo que tenía su propia vajilla para que yo no me contagiara. Le dije: «Comamos juntos. No estás enfermo, es una apariencia falsa. Tengo un cuerpo inmortal de diamantes y el virus no puede invadirlo». Al cabo de unas dos semanas, sus síntomas habían desaparecido. Podía comer y dormir, y se fue a casa feliz.
Una practicante rural fue arrestada. Su familia no apoyaba su práctica y estaba resentida e indignada. Vivía a casi 100 kilómetros de nosotros. Otros practicantes y yo fuimos en coche al supermercado a comprar carne, pescado y fruta y fuimos a su casa a visitar a su familia.
Cuando llegamos, su familia se quejó de ella. Les explicamos pacientemente que no estaba mal ser una buena persona y que no era ilegal practicar Falun Dafa. Al ver que su familia estaba en una situación difícil y que ella no podía permitirse contratar a un abogado, le buscamos uno. Su familia se emocionó mucho.
El abogado se reunió con la practicante y le comunicamos a su familia lo que él había dicho, yendo y viniendo varias veces a su casa. Su familia se alegró mucho al escuchar la noticia. Vernos ir y venir y hacer todo lo posible sin esperar nada a cambio borró sus prejuicios contra los practicantes.
Una practicante de otra provincia fue arrestada y detenida. Llevaba muchos años divorciada y sus padres tenían más de 80 años. Cuatro practicantes fuimos en coche a visitar a sus padres, que se ganaban la vida criando abejas. Como la practicante perseguida no estaba en casa, no había nadie allí para vender la miel. Compramos arroz, aceite, pescado, ropa y otras cosas para sus padres, le dimos a su hijo unos cuantos miles de yuanes y compramos más de 36 kilos (80 libras) de miel. Mientras el anciano se secaba las lágrimas de gratitud, dijo: «¡Son tan buenas personas!».
Les dije: «Su hija ha sido arrestada injustamente. Es el PCCh el que perjudica a las buenas personas». Estuvieron de acuerdo.
Durante los últimos dos años, otros tres practicantes y yo hemos conducido hasta los alrededores de la ciudad para ayudar a los practicantes con poca educación a escribir sus historias de cultivación. Hemos tenido muchas experiencias conmovedoras. Daré algunos ejemplos sencillos.
Un practicante fue atropellado por un coche mientras montaba en bicicleta y se rompió una pierna. No fue al hospital ni le pidió ni un céntimo a la persona que lo atropelló. Pero sí le contó al conductor la verdad sobre Dafa. Con la bendición de Shifu, el practicante se recuperó en un mes y volvió al trabajo.
Otra practicante que trabajaba en una montaña se encontró con varios leñadores que bajaban de la montaña con un carro lleno de troncos. Les dio a cada uno un amuleto de Falun Dafa. Mientras los leñadores conducían su camión montaña abajo, los frenos fallaron repentinamente. A medida que el camión iba cada vez más rápido, todos los que iban en él entraron en pánico, hasta que una persona gritó: «¡Maestro Li! ¡Por favor, ayúdenos!». El coche se detuvo al instante y todos los que iban dentro salieron ilesos. Sabían que los amuletos de Dafa les habían salvado, así que volvieron a la montaña y le dieron las gracias a la practicante, diciendo que, sin los amuletos, sin duda habrían muerto en el accidente. La practicante dijo: «Fue Shifu quien les salvó la vida». Desde entonces, el propietario del camión suele gritar «¡Falun Dafa es bueno!», delante de todo el mundo. Una vez gritó delante de mucha gente en un banquete de boda: «¡Falun Dafa es bueno!».
¡Conduciré mi coche, llevaré a compañeros practicantes y seguiré en la carretera para salvar a la gente!
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Categoría: Caminos de cultivación