(Minghui.org) Como practicantes de Dafa, debemos acatar las enseñanzas de Shifu en todo lo que hacemos, siempre. Mis jefes y compañeros de trabajo lo han atestiguado y están de acuerdo en que los practicantes de Dafa somos buenas personas.

Una compañera acababa de ser trasladada. La escuela arregló para ella, que empezara su trabajo el primer día del Año Nuevo Chino. Me puse en su lugar, pensando que se encontraba en un entorno desconocido y que seguramente deseaba volver a casa. Por eso, la llamé y le dije: “Déjame cubrir tu turno”. Se sintió muy conmovida y me dijo: “¡Qué bien! Estaba preocupada por esto. ¿Quién eres? ¡Qué amable eres!”.

Más tarde supo que soy practicante de Falun Dafa. Tras conocer Dafa y la naturaleza del Partido Comunista Chino (PCCh), renunció al PCCh y a sus organizaciones afiliadas. Más tarde, al hablar de algunas de las cosas que más la habían impactado, compartió este incidente frente a todos los profesores de nuestra escuela.

Desde entonces, cuando mis compañeros tienen asuntos que atender, me piden que les ayude a cubrir sus turnos. Siempre acepto y por eso, me he dado a conocer, por ayudar a mis compañeros cubriendo sus turnos.

Después de que comenzaron las clases, el director de la escuela contrajo influenza A. Dijo: «Me duele todo el cuerpo, me duelen los huesos y me siento peor que con COVID. Compré oseltamivir (Antiviral)». Cuando hablé con él sobre el trabajo, me dijo: «Aléjate de mí o podría contagiarte el virus». Le respondí: «No tengo miedo». Entonces le dije: «Director, ¡puede recitar "Falun Dafa es bueno" 500 veces y se recuperará! También tendrá que renunciar al PCCh para alcanzar la paz y la seguridad».

Una vez soñé que dos directores me felicitaban. Me pregunté: "¿Por qué me felicitan?".

Poco después de ese sueño, cayó una fuerte aguanieve con lluvia helada. La nieve y el hielo doblaron las ramas de los árboles y muchos árboles se rompieron.

Salí a quitar la nieve helada del campo de deportes mientras llovía, y mis pantalones y zapatos se empaparon rápidamente. Como había estado de pie en la nieve y la lluvia durante bastante tiempo, me empezaron a doler un poco las piernas. Después de estar así durante unas horas, el sudor empapó mi chaqueta. Al día siguiente, el pavimento estaba congelado, así que usé una pala para romper el hielo poco a poco. Cuando encontré una grieta en el hielo, levanté la capa congelada y usé todas mis fuerzas para quitar el hielo. También había carámbanos en los pisos superiores que había que quitar, y tuvimos que tener cuidado de que no se cayeran del techo. Al final, los dos directores de verdad me felicitaron por mi trabajo.

Desde entonces, me he ofrecido voluntariamente para quitar la nieve cada vez. Especialmente, después de que terminó la pandemia, mucha gente seguía sintiéndose aletargada a pesar de haberse recuperado del COVID, y muchos compañeros aún tomaban medicamentos, a pesar de haber regresado al trabajo, y seguía nevando continuamente durante varios días.

 Cada vez, yo trataba de quitar la nieve del campo de deportes lo antes posible, porque una vez que los alumnos terminaban sus clases, pisaban la nieve y la compactaban. Entonces era más difícil quitarla. Ver a los alumnos jugando al baloncesto, corriendo y saltando en el campo de deportes después de clase, me llenaba de satisfacción. Ver a los alumnos teniendo sus clases de educación física en ese espacio despejado me hacía muy feliz.

Un día, acababa de quitar la nieve y una compañera me dijo: «Gracias. Estaba preocupada por resbalar y caerme, y ahora todo está bien». Otro compañero me dijo: «Gracias. ¡Eres una buena persona!».

En otra ocasión, se estaba celebrando una competencia. El director de asuntos académicos me recomendó y el director principal me llamó y me invitó personalmente a ayudar con la competencia. Ese día lloviznaba. Me levanté temprano y fui a la escuela. Estuve ocupada todo el día ayudando a todos a trasladar botellas de agua, preparar el desayuno, mover computadoras, tomar fotos y atender asuntos inmediatos. El director me dijo: «¡Estamos muy conmovidos por lo que has hecho!».

Un día, el director me buscó para charlar y me pidió que fuera su asistente, y acepté. El jefe de la oficina me dijo: «El director comentó que había obtenido un gran tesoro».