(Minghui.org) Ahora tengo 71 años y vivo en el campo de la provincia de Shandong. Me gustaría compartir mi experiencia de practicar Falun Dafa.

Un momento de cambio

Mi esposo tuvo una severa enfermedad del corazón en 1995. Como resultado, estaba casi todos los días en el hospital. Al año siguiente,nuestro nieto se graduó de la universidad y consiguió trabajo. En dos semanas, le diagnosticaron cáncer de páncreas y murió poco después.

Esto fue un duro golpe para nosotros, y mi esposo estaba llorando día y noche. Nuestras dos hijas venían a visitarnos y lloraban con nosotros.

Mi cuñada se enteró de lo que nos pasó y vino a consolarnos. También me trajo una copia de Zhuan Falun. “Quizás puedas intentar. Falun Dafa te beneficiará a ti y a tu familia”, me dijo.

“No estoy de humor”, le contesté. “Mira que miserables somos. Es difícil para mí simplemente sentarme e intentar leer algo”.

Los días pasaron, y nada cambió. Viendo a mi esposo sufrir todos los días, le sugerí que leyera el libro que mi cuñada me había dado.

“De ninguna manera. Es un libro de qigong”, dijo.

“¿Por qué le das una hojeada? Si es bueno, lo puedes practicar; si no, no pasa nada”, le dije.

Mi esposo asintió. Después de leer Zhuan Falun dijo: “Esto es xiulian y es muy bueno”. Tienes que aprenderlo también”.

En enero de 1997, mi esposo y yo nos unimos a un grupo para ver los videos de las conferencias de 9 días. Camino a casa, la bicicleta que pedaleaba parecía muy liviana, como si estuviera flotando en el aire. Casi no tuve que hacer esfuerzo para pedalear hasta casa.

No mucho después, la enfermedad al corazón de mi esposo desapareció y estaba más feliz que nunca. Mi familia estaba feliz.

Shifu me cobija

En diciembre de 1997, fui a una ciudad cercana para ver los videos de las conferencias de nueve días de nuevo. La asistente de nuestro sitio de práctica dijo que el hotel tenía calefacción, por ende no necesitábamos llevar ropa de cama abrigada. Seguí su consejo y solo llevé ropa liviana.

Cuando llegué allí, descubrí que el hotel de dos pisos, no tenía calefacción. Afuera había una gruesa capa de nieve y hielo cubriendo las ventanas. Me tocó una cama cucheta y las practicantes en la cama debajo dormían juntas para mantener el calor. Viendo que no traje nada, una de ellas dijo que me daría su colchón de lana. Le agradecí y lo acepté. No pensé ni en el calor ni el frío, pero apenas me acosté un aire caliente comenzó a circular desde mis pies por todo el cuerpo. En ese entonces, no sabía que era Shifu que me estaba ayudando. Pensé para mí misma: “Este lugar está bastante calentito después de todo”.

Después de unos días, otra practicante que dormía debajo dijo que usando dos colchones y dos colchas aún tenía frío. “¿Y tú?” me preguntó. “No te escuché quejarte”.

“No sé. Para mí está bastante caliente. Creo que Shifu me está dando calefacción”.

Las esposas se abren solas

La persecución comenzó en 1999. Dos de mis sobrinos, uno que trabajaba en el departamento de policía del condado y otro en Beijing, vinieron a visitarme. Me dijeron que Falun Dafa había sido prohibido y que no podía practicarlo más. Les dije que no viviría sin Falun Dafa. “Si están preocupados porque mi práctica afecte sus trabajos, pueden desasociarse de mí”, les dije.

En la primavera del 2000, oficiales de la oficina 610 y de la policía del condado me llevaron a un centro de lavado de cerebro. Después de atarme a una silla de acero, un matón me tiró del pelo con una mano y con la otra me golpeaba la cara. Podía escuchar el sonido de los golpeas en la cara, pero no sentía ningún dolor, como si mi cabeza estuviera hecha de algodón.

En mi mente, pensaba: “Soy una practicante de Falun Dafa que practica Verdad-Benevolencia-Tolerancia para regresar a mi origen. ¡Cómo te atreves a golpearme! ¿Sabes cuánto yeli estás acumulando?”.

Con ese pensamiento, vi que el matón se puso las manos en el pecho, se dobló de dolor, y caminó en círculos. Luego esa noche, vino a la celda y susurró desde la ventana: “Después que me retire, aprenderé Falun Dafa de ti”.

“¿Por qué no ahora?”, le pregunté.

“No, no puedo hacerlo, porque tengo que trabajar”, dijo. En mi mente, estaba agradecida con Shifu por ayudarme.

Había unas siete personas detenidas en la celda, entre ellas mi tía y nos esposaron juntas. Decidí que tenía que salir, y le pedí ayuda a Shifu.

Por la tarde, alguien le dio varias botellas de cerveza al guardia, que las tomó y se fue a dormir. Luego una practicante dijo que tenía que usar el baño. Cuando el guardia borracho vino para abrir la puerta, le dije que las esposas de mi tía estaban muy ajustadas que las suelte un poco. Lo hizo y se fue a dormir de nuevo.

Mi tía y yo nos ayudamos y logramos escapar. Primero fuimos a la casa de un pariente. Viéndome aún esposada, mi pariente le pidió a su hijo que abriera las esposas con una sierra. “Escuché sobre muchos milagros en Falun Dafa. ¿Por qué no he visto ninguno?” me murmuró el joven.

Con esas palabras, las esposas se salieron solas. El joven estaba atónito y luego comenzó a practicar.

Salvaguardando el Fa en Beijing

En mayo de 2001, otra practicante y yo fuimos a Beijing para apelar por Falun Dafa. La policía nos paró en el camino y me llevó a un centro de lavado de cerebro. El hermano de mi esposo, secretario del partido de una aldea, me ayudó a salir y dijo: “Por favor, no vayan más a Beijing, está bajo ley marcial”.

Después de unos días, sentí que no podía dejar que la persecución continuara sin tomar una postura, así que tomé un autobús y fui a Beijing sola. La policía me detuvo y me llevó a un lugar donde había un montón de practicantes detenidos temporalmente.

Mientras recitábamos Hong Yin juntos, alguien nos dijo que paremos y todos nos quedamos en silencio. “¡Ey! Somos practicantes de Falun Dafa y no podemos dejar de estudiar el Fa”, dije. Continué recitando los poemas de Hong Yin y la persona que nos paró antes, se fue.

Luego, quise hacer la meditación pero un oficial dijo que no podía. Le dije que Falun Dafa mejora el cuerpo y la mente con los cinco ejercicios. “Nadie tiene la autoridad de no dejarme hacer los ejercicios”, le dije.

Al final, me llevaron a otro lado, y me detuvieron con una niña, estudiante de secundaria. “Vinimos a validar Falun Dafa y los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. ¿Por qué no haces los ejercicios aquí?” me sugirió, y estuve de acuerdo.

Justo después de comenzar la meditación, un hombre vino y me pisó con sus botas. Tenía moretones en todas mis piernas. El hombre también ajustó las esposas de la niña, que la hizo retorcer de dolor. La niña comenzó a recitar el Lunyu. Unos 20 minutos después, la niña dijo que ya no le dolían las muñecas.

Agentes del gobierno de mi municipio vinieron y me llevaron a un centro de lavado de cerebro. Un oficial me dijo que escribiera una declaración renunciando a mi práctica. Escribí lo siguiente en el papel: “Practicaré Falun Dafa hasta el final”.

Trabajo forzado

Después de regresar de Beijing en 2001, pensé en repartir material informativo a la gente para que sepan la verdad de Falun Dafa. En 2002, la policía me arrestó, me mantuvo en un centro de detención, y luego me transfirió a un campo de trabajo forzado.

Debido a que fueron torturados y sus cerebros lavados, algunos practicantes dejaron de practicar. Yo me mantuve inamovible y continué diciéndoles a otros qué bueno es Falun Dafa.

Un guardia una vez me gritó: “¿Todavía crees en Verdad-Benevolencia-Tolerancia?”.

“Si puedes encontrar algo malo con estas tres palabras, podemos discutirlo”, le contesté. Le dije que le estaba diciendo a la gente la verdad de Falun Dafa y que les deseaba el bien. “Todo lo que hice es legal. Incluso si me golpeas, no devolveré el golpe. ¿Puedes encontrar algo que yo haya hecho mal?” El guardia no contestó.

Como no renuncié, los guardias me enviaron a confinamiento solitario. Alguien que había renunciado a la práctica, fue enviado para convencerme de que renuncie a mi fe. “¿Todavía estás practicando Falun Dafa? ¡Ponte contra la pared!” me gritó.

“Esa pared es para ti, no para mi”, contesté sin pensar.

En ese momento, mi tianmu se abrió, vi un espacio en medio de mi cuerpo. Las dos partes se expandieron y separaron, hasta que desaparecí. No había nada a mi alrededor.

De esto aprendí, siempre que estemos determinados en nuestra cultivación, seremos testigos de cuán maravilloso es Falun Dafa.

Despertando a la gente

Al principio, salía con otros practicantes a contarle a la gente sobre Falun Dafa. Luego, decidí salir sola.

La primera vez que salí sola, vi alguien caminando y no sabía por dónde empezar. Así que le pedí ayuda a Shifu. Luego vino un hombre en bicicleta. Hablé con él y le conté la verdad. Le expliqué brevemente cómo el partido comunista ha dañado a la gente por décadas, incluyendo los practicantes de Falun Dafa. Luego le sugerí que renunciara a las organizaciones comunistas, y estuvo de acuerdo. Estaba feliz por él y aliviada.

Otro día, vi tres personas salir de un auto e ir hasta un vendedor de flores. Sospechando que eran funcionarios de gobierno, decidí no hablarles porque hacía muy poco que había sido detenida. Así que continué y hablé con otras dos personas, quienes aceptaron renunciar al partido.

Camino a casa, vi a las tres personas todavía con el vendedor de flores. Fui hasta allí, y comencé a hablarles. Al final, los tres decidieron renunciar a las organizaciones comunistas.

Después que le di un volante a alguien, apareció un hombre, agarró el volante de la persona, y me gritó: “¿Qué estás haciendo?”. Le pedí ayuda a Shifu y le dije calmadamente: “Estoy aquí para decirle a la gente que Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno. Mira las fotos en el volante, todas estas personas que persiguieron a Falun Dafa han sido arrestadas”. El hombre comenzó a leer y me fui a salvo.

A veces llevaba DVD y calendarios de Minghui para repartir a los granjeros en el mercado. Después de enviar pensamientos rectos, muchas personas venían corriendo a llevárselos. Yo me conmovía mucho, porque sabía que, al apoyar a Falun Dafa y los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia, tendrían un futuro brillante.

En “Fahui de Nueva York 2016”, Shifu dijo:

“Cuando viniste a este mundo, firmaste un contrato conmigo, juraste que ibas a salvar a esos seres conscientes, sólo entonces pudiste ser Dafa dizi, para que pudieras hacer este asunto, pero no cumpliste. No has cumplido totalmente; esos incontables seres conscientes, esos enormes grupos de vidas que cargas sobre tu espalda, que te fueron distribuidos, ni los puedes salvar, ¡¿que es eso?! ¿Acaso eso es simplemente una cuestión de no cultivarse diligentemente? ¡Eso es un pecado extremada, extremadamente grande! ¡Un pecado sin comparación!”.

Espero que todos podamos hacerlo bien como discípulos de Dafa.