(Minghui.org)

Volviéndome un practicante de Falun Dafa

En noviembre de 1996, vi un libro en el casillero de una compañera de trabajo y le pregunté si podía echarle un vistazo. Cuando lo abrí, la primera página que me encontré tenía el artículo “Tabúes para cultivadores”. Decía:

“Aquellos que están aferrados a la fama practican intencionalmente una vía perversa. Cuando ellos tratan de establecer reputación en este mundo, serán ciertamente buenos en sus labios pero perversos en sus corazones, por tanto engañando al público y dañando el Fa.

Aquellos que están aferrados al dinero en realidad están buscando riqueza, haciendo una cultivación falsa. Tales personas harán daño a las enseñanzas del fo y al Fa. Están desperdiciando sus vidas en lugar de cultivar el estado de fo.

Aquellos que están aferrados a la lujuria no son diferentes de las personas perversas. Cuando están recitando las escrituras, hasta echan miradas furtivas hacia otros. Tales personas están muy lejos del Dao y son gente perversa común.

Aquellos que están aferrados al afecto de sus parientes serán indudablemente fatigados, enredados y atormentados por este afecto. Estas personas se aferran al hilo del afecto y dejan que les amarre durante toda la vida. Cuando lleguen al final de sus vidas, les será demasiado tarde para arrepentirse”. (Tabúes para cultivadores, de Escrituras esenciales para mayor avance)

Quedé estupefacta, y se abrió mi memoria. Recordé que en mi vida anterior había fallado en consumar mi cultivación por estar apegada a lo que describía el artículo.

Hablé con mi colega y supe que Zhuan Falun era el libro principal de las enseñanzas de Falun Dafa, también llamado Falun Gong. En ese momento no me quiso prestar el libro.

Un mes más adelante escuché que varias colegas estaban hablando y me dio curiosidad. Me dijeron que hablaban sobre las enseñanzas de Falun Gong. Les dije que quería practicar, y con su ayuda encontré un grupo cercano de estudio y de ejercicios.

Después de que aprendí la práctica me concentré en mejorar mi carácter. En ese entonces trabajaba en una compañía farmacéutica. La mayoría de los empleados se llevaban píldoras a sus casas como si nada y las compartían con sus familiares y amigos. Las píldoras que fabricaba la compañía eran muy efectivas y se vendían muy bien. Algunos empleados incluso las robaban para venderlas a las farmacias.

Mi trabajo consistía en comprimir la fórmula en polvo dentro de las tabletas, que era el último paso de producción. Era muy fácil para mí llevármelas a casa para luego compartirlas con mis familiares y amigos.

Después de volverme practicante dejé de llevarme píldoras. Cuando mis familiares y amigos me las pedían, les decía que ya no iba a poder ayudarlos más debido a mis creencias. Eventualmente entendieron y comenzaron a comprar las píldoras en las farmacias.

Permaneciendo firme frente a las turbulencias

Tiempo junto a practicantes en Beijing validando el Fa

Con tres años dentro de la práctica, el partido comunista chino (PCCh) comenzó a perseguir a Falun Gong. Por entonces tenía 25 años y era soltera. Fui a Beijing, esperando poder hablar y apelar por Falun Dafa. Conocí a muchos practicantes de otras provincias y permanecí con ellos en los lugares que alquilaban. Estudiando el Fa todos los días, llegué a un claro entendimiento de por qué había ido a Beijing. Era mi deber, mi responsabilidad, proteger a Dafa cuando estaba siendo atacado.

La vida era difícil en el lugar que alquilábamos, pero estudiábamos el Fa intensamente. Leíamos el Zhuan Falun entero al menos una vez al día. Cuando estudiaba, era como si mi cabeza fuese abierta y los principios del Fa fluyeran hacia adentro. Mi corazón se volvió más sereno a medida que fui ganando un entendimiento más claro del Fa.

Varios practicantes y yo tomamos la responsabilidad de cuidar a los practicantes que iban a Beijing desde todo el país. Preparábamos comidas e íbamos a Tiananmen para recibirlos y ayudarlos a que encontraran un sitio en dónde quedarse. Todos los días iban grupos a las oficinas de gobierno para validar el Fa.

Un día, sentí nostalgia. Antes de partir para Beijing, dejé una carta para mis padres, diciéndoles por qué hacía el viaje y pidiéndoles que no se preocuparan por mí. Mi padre luego me dijo que mi madre lloraba todos los días.

Esa noche vi en sueños que se aproximaba una calamidad. Todos corrían para encontrar resguardo. Mis padres, hermanos y yo estábamos al frente. Cuando miré hacia atrás, vi una inundación repentina y un volcán en erupción. Murieron muchas personas.

Justo en ese momento apareció frente a mí una escalera hacia el cielo, y me esforcé en escalarla. Cuando miré hacia abajo, todos me miraban. Sabía que era el Maestro intentando decirme algo. Así que decidí quedarme.

Continué estudiando el Fa y unos pocos días después tuve otro sueño. Una mujer me cortó el cabello con un par de tijeras afiladas. Sabía que el cabello representaba mis lazos emocionales, y comprendí que era tiempo de dejar mis apegos por la familia. Tenía que validar el Fa con el estado mental más puro.

A medida que estudiaba el Zhuan Falun en los días que siguieron, vi los principios del Fa que explicaban por qué tenía que estar en Beijing y cómo tenía que validar el Fa, y supe que el Fashen del Maestro estaba justo a mi lado, protegiéndome todo el tiempo.

Cuando eventualmente regresé a casa, mi madre me dijo que durante mis primeros días en Beijing, lloraba todo el tiempo y no podía hacer nada. Pero un día, se sintió mejor y ya no tenía tristeza.

Validando el Fa abiertamente y regresando a casa segura

Unos pocos practicantes y yo fuimos a las oficinas del consejo del estado para hablar sobre Falun Gong. Ya había muchos practicantes allí. Entramos en la oficina con nuestros documentos, pero la policía nos sacó de prisa.

En la oficina de apelaciones del consejo había policías de todas las provincias. Estaban en Beijing para arrestar a los practicantes de sus áreas y llevarlos de regreso antes de que tuvieran la oportunidad de apelar. Oficiales de encubierto me preguntaron de qué provincia era. Cuando me negué a contestar, me registraron.

Estaba tan asustada que comencé a temblar. Entonces, de la nada, recordé las palabras del Maestro:

Cultiven Dafa firmemente sin que se conmueva el corazón

Elevar el nivel de uno es fundamental

Al enfrentarse con tribulaciones, la naturaleza verdadera de uno se revela

Completen la cultivación, volviéndose un fo, dao o dios

(Verdadera naturaleza revelada, de Escrituras esenciales para mayor avance (II))

El miedo ya no me controló. El policía de la provincia de Shandong me llevó a su oficina en Beijing. Cuando le dije que no era de Shandong, uno de ellos se enfureció mucho. Me ordenó decirle de dónde era y prometió liberarme una vez que lo hiciera.

Le dije que no le creía. “En cuanto te diga de dónde soy, vendrá otro policía a arrestarme”, le dije. Me dijo que estaba siendo demasiado desconfiada y me volvió a asegurar que me soltaría si le decía.

Miré hacia adentro y descubrí que sí tenía el apego de sospecha. Levanté mi voz de tal forma que los otros policías, que eran subordinados, también pudieran oírme. Dije: “Tú eres el supervisor de todos ellos. Si no cumples con tu palabra, no serás capaz de liderarlos de ahora en más”. Y luego le dije de dónde venía. Como no pertenecía a su jurisdicción me liberó de inmediato.

Continúe validando el Fa en Beijing por dos meses y medio antes de volver a casa.

Corazón inquebrantable durante la persecución

Cuando regresé al trabajo, un grupo de funcionarios del PCCh y el gerente de la compañía estaban esperándome para hablar. Un secretario del PCCh golpeó su mano contra el escritorio y comenzó a hablar sobre mi “situación política”. Cuando vi que los otros escuchaban con atención, comencé a decirle por qué había ido a Beijing. Le expliqué que la información que pasaba la televisión eran acusaciones falsas con el propósito de calumniar a Falun Gong.

El secretario se enfadó por lo que decía y comenzó a gritarme. No tenía miedo en absoluto. Solo estaba contenta de haber podido decir lo que quería.

Querían que reflexionara y escribiera una carta de arrepentimiento renunciando a Falun Gong. En su lugar, escribí sobre cómo me había beneficiado de la práctica y sobre lo que Falun Dafa era en realidad. Al día siguiente fui transferida a la división de embalaje, donde tenía que trabajar por largas horas y con una paga menor.

En esta nueva división, las personas continuaban acercándose para tratar de hablar conmigo sobre la práctica. Mi madre fue a vivir conmigo para asegurarse de que no regresara a Beijing. La compañía tenía gente asignada para que estuviera afuera de mi departamento y monitoreara mis actividades.

Una mañana decidí dejar mi posición clara ante mi madre. Le dije que si alguien le ordenaba que entregue mis libros de Falun Dafa, que no cumpliera. Me dijo que podía renunciar a uno, que no era tan importante.

Le dije que prácticamente ya había arriesgado mi vida yendo a Beijing a validar el Fa, que no había nada que no fuera capaz de hacer para proteger a Falun Dafa. Le dije que no podía tolerar la presión constante de los funcionarios de la compañía queriéndome hacer renunciar a la práctica. Si iba a Beijing y no regresaba, debía preguntarles a los funcionarios sobre mi paradero.

Ese día, al medio día, un secretario del PCCh y otro funcionario fueron a mi casa para confiscar mis libros de Falun Gong. Mi madre les dijo que no había ninguno y les advirtió: “Acosan constantemente a mi hija. Si ella se va a Beijing, será porque ustedes la empujaron a hacerlo. Estaré detrás de ustedes hasta que vuelva a verla”. Se marcharon sin decir una palabra.

Antes de volverme una practicante, fui comisionada de una liga juvenil comunista. Con frecuencia organizaba actividades para ellos. Después de que regresé de Beijing, el secretario de la liga me dijo que tenía que elegir entre la liga y la práctica. No lo pensé dos veces y escribí mi renuncia.

El gerente de la compañía continuó hablando conmigo para que renunciara a la práctica, y yo continué aclarándoles la verdad. Cuando uno de ellos me ordenó que entregara mi copia de Zhuan Falun, le pregunté si estaba interesado en aprender la práctica. Cuando me respondió que solo quería confiscar el libro, le dije que trajera un cuchillo. “Tómelo y sáqueme el corazón, si eso es lo que realmente quiere. El Fa está en mi corazón”, le dije. Se quedó sin palabras, entonces le dije que tenía que regresar al trabajo y me retiré.

Era una adulta joven cuando comenzó la persecución, y la presión que sentía era enorme. Muchos practicantes abandonaron la práctica cuando vieron cuán miserable era el ambiente. Algunos compañeros de trabajo se compadecían de mí y otros me despreciaban. Estaba estresada y me sentía inferior.

Mi tiempo de inactividad duró poco. Un día, los pensamientos rectos vinieron a mí mientras estudiaba el Fa. Comprendí que era discípula del Maestro y que era el más grande de los honores ser un practicante durante el período de la rectificación del Fa. Solo aquellos que no conocían la verdad eran los únicos dignos de lástima. Ellos ya no tendrían un futuro. Me sentí increíblemente afortunada. Orgullosa y feliz, regresé al trabajo, después de eso, la persecución pareció detenerse.

El Maestro dijo:

Entonces, para los Dafa dizi, no importa cuán difícil sea este período de la historia que estamos atravesando, no hay nada que lamentar. Lo que estamos pensando es en salvar seres conscientes, y ustedes deben cumplir con [las aspiraciones de] un ser que vino por el Fa y el significado de haber venido acá, para que no tengamos nada que lamentar; lo que les espera a los Dafa dizi son todas cosas maravillosas. Lo más lamentable son las personas del mundo que han sido perseguidas y las mismas fuerzas viejas, cuyo final será realmente lamentable. (Exponiendo el Fa en el Fahui de Washington D.C., 2003)

Mirando atrás, hacia los primeros años, me complace no haber hecho nada que defraude al Maestro o a Falun Dafa. No cedí ante la maldad en ninguna forma. Fue precisamente porque me mantuve firme que el Maestro limpió mi entorno y soportó grandes tribulaciones por mí. Como resultado, desde entonces estuve segura en mi trabajo y solo tuve algunas interferencias con mi práctica y clarificación de la verdad.