[Minghui Net] Un agente de la dinastía Qing, el señor Zhang, cruzó el río Yangtzé desde el norte de Jiangning, también conocido como Nanjing, para saldar una deuda. Planeaba volver a su hogar para el feriado de año nuevo justo antes de que el año terminara. Con sus pertenencias sobre el hombro, salió muy temprano, pero tuvo que esperar bajo el alero de un edificio en el mercado hasta que abrieran la puerta de la ciudad.

Después de esperar un rato se cansó tanto que se dio por vencido; se sacó la mochila de tela llena de oro y plata, se sentó encima de ella y cerró sus ojos para descansar. Cuando abrieron la puerta de la ciudad, corrió hacia esta con sus pertenencias sobre el hombro, olvidándose por completo de la mochila de tela sobre la que se sentó. Cuando se dio cuenta de que no tenía su mochila con él, ya estaba a más de un li (~0.3 millas) de distancia. E inmediatamente regresó de prisa al lugar. Pero el mercado ya estaba lleno de gente y su mochila había desaparecido.

El señor Zhang frunció el entrecejo y se quedó rondando por los alrededores, esperando que alguien le pudiera devolver su mochila. Un hombre mayor apareció y le preguntó que había pasado. Al escucharle lo invitó a pasar a su casa y le dijo: “Encontré una mochila en el suelo cuando abrí la puerta esta mañana. No sé si es suya”. El Señor Zhang contestó: “Dentro de la mochila hay dos sobres, cada uno tiene una cierta cantidad de lingotes de plata. El más grande pertenece a mi jefe y el más pequeño es mío”. El anciano revisó los artículos dentro de la mochila, que eran exactamente como el señor Zhang los describió. Por ende devolvió la mochila al señor Zhang.

El señor Zhang conmovido hasta las lágrimas le quiso agradecer dándole su lingote de plata. El anciano sonrió y contestó: “No le hubiera hablado acerca de la mochila si amara tanto el dinero. ¿Entiende?”. El señor Zhang le preguntó al anciano cual era su nombre y partió de regreso hacia su casa.

Cuando el señor Zhang estaba junto al río esperando su barco, empezó a soplar de pronto un viento fuerte. Muchos botes volcaron y muchos pasajeros se estaban ahogando. Mirando esta escena terrible, el señor Zhang tuvo un pensamiento compasivo: “Yo el día de hoy recuperé mi lingote perdido. Sin él, estaría muerto. Yo ciertamente recuperé mi vida”. Usando todo su dinero, contrató gente que rescatara a aquellos que se estaban ahogando. Varias docenas de personas se salvaron gracias a su pensamiento compasivo.

Todos los sobrevivientes vinieron a agradecerle al señor Zhang por haberlos salvado. Uno de ellos resultó ser el hijo del anciano que había devuelto al señor Zhang la mochila perdida. Estaba regresando a su hogar en Nanjing después de haber terminado su trabajo en el área norte de río Yangtze. El señor Zhang se sorprendió con esto. Luego él contó su propia historia a los presentes, y todos estaban sorprendidos por el milagro. Se dieron cuenta que había sido la ley celestial del bien que es recompensado con el bien. Luego, estas dos familias se hicieron parientes por casamiento. 

En esta historia, el anciano no se quedó con la fortuna que encontró y tampoco pidió una recompensa por haber realizado una buena acción. Él no solo salvó al señor Zhang durante su dificultad, sino que plantó una semilla en el corazón del señor Zhang para realizar obras buenas, propiciando la oportunidad de que su propio hijo más tarde pudiera ser salvado.

¿Pueden imaginar qué habría pasado si el anciano se lo hubiera quedado para sí? El señor Zhang se podría haber suicidado debido a su gran pérdida financiera, y por ende, podría no haber tenido la oportunidad de salvar a tanta gente de ahogarse, incluido el hijo del anciano. Incluso si el señor Zhang no hubiera muerto y se compadecía de aquellos que se estaban ahogando, no habría tenido el dinero para contratar gente que ayudara a rescatarlos. Por otra parte, habría sido peor si al señor Zhang debido a su mala fortuna no le hubieran importado aquellos que se ahogaban. Un viejo dicho aconseja, “Hacer buenas acciones sin buscar recompensa inspirará a otros a ser compasivos y a resolver su propia tribulación; ayudar a la gente que lo necesita va a ayudarlos a acumular dinero para hacer buenas acciones y tu vas a recibir ayuda de otros”.

Finalmente, el siguiente dicho nos da un buen consejo, “Es mejor hacer pequeñas buenas acciones para construir una fortuna para el futuro que suspirar ante el deterioro de la moralidad; es mejor ayudar a otros todos los días de manera que te puedan ayudar en tiempos difíciles que suspirar ante la moral degenerada”.

Historia de Xi Chao Xin Yu por Xu Xiling y Qian Young, Dinastía Qing.