(Minghui.org) El autor de este artículo, el Sr. Samuel Alvarado, tiene 59 años y nació en Teziutlán, México. Se graduó en administración de empresas y ahora vive en la Ciudad de México con su esposa e hijo. Hace catorce años, en 2007, comenzó a practicar Falun Dafa.

Aunque es el único practicante en la familia, su esposa e hijo están felices de que practique. Su esposa le dijo que sabe que su Maestro lo salvó de coronavirus.

Samuel expresa su respeto por el Maestro Li

¡Saludos, Venerable Shifu!

¡Saludos, compañeros practicantes!

Empecé a practicar Falun Dafa en 2007, cuando un amigo de la infancia me regaló una copia de Zhuan Falun. Comencé a leerlo y asistir a un sitio de práctica, pero durante años estuve sin constancia ni dedicación.

La falta de autenticidad y disciplina, pero, sobre todo, la falta de reverencia hacia Dafa fue, poco a poco y sin darme cuenta, abriendo la brecha para la adversidad más grande y fuerte de mi vida, la cual me colocó frente al umbral de la muerte.

Shifu dice:

“Si las manifestaciones de los seres humanos en el mundo humano hacia Dafa pueden reflejar la debida devoción, respeto e importancia, esto traerá a los humanos, a las naciones o a los países, felicidad, buena fortuna o gloria” (Lunyu, Zhuan Falun).

También dice:

“Pero hay un criterio, el tiempo de vida que sobrepasa el curso de vida determinado originalmente por el Cielo –el tiempo de vida que es prolongado posteriormente– es enteramente para que refines gong, así que una mínima desviación de tu pensamiento trae peligro para tu vida, porque el curso de tu vida ha pasado hace tiempo” (Primera LecciónZhuan Falun).

Salvado de un accidente grave

En enero de 2020, tuve un accidente: caí de una escalera a una altura de 2 metros. Me golpeé muy fuertemente en la cabeza, quedé seminconsciente, no sabía qué había ocurrido, perdí por momentos la noción del tiempo y espacio; me sentí extraviado y aturdido, con incertidumbre y ansiedad por no saber qué pasaba, en dónde estaba y cómo había llegado ahí. 

Mi esposa estaba muy alarmada, me llevó de inmediato a un hospital para que me atendieran y revisaran, me hicieron estudios y tomaron una resonancia magnética, pero no encontraron nada; solo quedó el dolor que duró varios meses en quitarse. Estaba sorprendido por lo que pasó y a la vez muy agradecido con Shifu; el golpe fue tan fuerte que pudo haber fracturado mi cabeza y hubiera muerto en ese momento. Se me estaba dando una oportunidad, pensé que era un palo de advertencia.

Shifu dice:

“Un ser humano cultivándose no es un dios cultivándose, y todos cometemos errores en el proceso de la cultivación; la clave está en cómo tratar con estos. Algunas personas pueden reconocerlos y otras no, y también hay personas que no quieren reconocerlos debido a sus apegos de miedo y a algunos otros factores.

[…]

La cultivación es el proceso que permite a un ser humano ascender al Cielo y volverse un dios, así que ¿cómo no va a ser difícil? En el pasado la religión budista hablaba sobre el palo de advertencia, entonces, yo también doy un palo de advertencia a aquellos que no cumplen con el estándar y se han puesto al borde del peligro” (También palo de advertencia, Escrituras esenciales para mayor avance (III)).

Alejándome del camino y perdiendo el rumbo

Antes de que el virus del PCCh comenzara a propagarse en México, acostumbraba hacer el estudio y los ejercicios diariamente, y todo parecía ir bien. Debido a la pandemia, los sitios de práctica fueron cerrados y se comenzó a dar la práctica por una red social. 

Una compañera practicante me pidió que la ayudara con el proceso técnico de la transmisión, ya que ella no tenía conocimiento de cómo hacerlo. Acepté apoyarla, pero al poco tiempo dejé de hacerlo. Actué con mucho egoísmo, surgieron mis apegos de pereza y desidia. Empecé a alejarme nuevamente de Dafa, dejé de estudiar el libro y dejé de hacer la práctica; regresé a lo que la gente común hace y persigue.

Shifu dice:

“Nosotros hablamos de Falun Dafa. En el xiulian de esta vía nuestra, siempre y cuando puedas contener tu xinxing, una rectitud suprime cien perversidades, así que no te ocurrirá ningún problema. Si no puedes contener bien tu xinxing y persigues esto o aquello, seguramente te atraerás problemas” (Tercera Lección,  Zhuan Falun).

A principios de septiembre de 2020, comencé a sentirme mal de salud. Pensé que pronto estaría bien, sin embargo, fue todo lo contrario. Después de dos semanas me sentí demasiado mal, me di cuenta de la gravedad del estado en que me encontraba, por lo que llamé al 911. Llegó la ambulancia y me llevaron al hospital.

El comienzo de una pesadilla – Covid-19

Me tomaron una tomografía que indicaba un daño severo en el 83% de mis pulmones, con una grave inflamación que impedía mi respiración, aún con el suministro de oxígeno. Los doctores me dijeron que lo mejor, y para evitar riesgos, me intubarían y así evitar un colapso o una falla que derivaría en la muerte. 

Me dieron unos papeles de autorización para que se los firmara aceptando el procedimiento de intubación. No acepté y me dijeron que lo pensara bien y que regresarían nuevamente, porque de lo contrario ellos no se harían responsables. Estuvieron presionando diariamente para que firmara, estaba terriblemente mal y sentía que me moría. 

Presencié cómo se moría la gente en el módulo donde me encontraba, vi cómo un paciente moría a los dos días de ser intubado; y otro, que no quiso intubarse, se moría de ahogamiento; veía como cerraban el cierre de las bolsas. Sentía como si estuviera en una prisión de la que no podía salir.

Estaba muriendo, en esos días me estuvieron presionando para que firmara la autorización para intubarme. Percibía los días oscuros, me sentía terriblemente mal, me veía en medio de una oscuridad en un mar muy agitado, turbulento y en una gran tormenta; sentía que me hundía y que moría ahogado. 

En esos momentos le pedí a Shifu su ayuda y a la vez repetía con mucha fuerza y fe “Falun Dafa Hao, Zhen Shan Ren Hao”. Pude ver mis faltas y pecados, comprendí por qué estaba ahí, me arrepentí de corazón, pedí a Shifu perdón y también una nueva oportunidad.

Cuando enviaba pensamientos rectos, en los primeros cinco minutos limpiaba y purificaba mi cuerpo, y me enfocaba especialmente en mis pulmones; repetía mie y en que todo organismo patogénico, virus o bacterias quedaban completamente eliminados.

Shifu dice:

“De hecho las epidemias en sí mismas están apuntando al corazón humano, a la moralidad malograda, al yeli agrandado y por eso vienen.

[…]

El hombre debe arrepentirse verdaderamente hacia dios, en donde uno mismo no está bien, y tener la esperanza de que le dé la oportunidad de cambiar, solo este es el método, solo esta es la panacea milagrosa” Raciocinio.

Shifu y Dafa me salvan

Al tercer día, mi familia, que ya tenía varios días sin verme y sin saber mucho de mí, salvo por los reportes médicos, me envió un teléfono celular por el cual pudimos tener comunicación. Me costaba trabajo hablar, pero como pude, les comenté que me querían hacer firmar mi autorización para intubarme. Me pidieron que no lo hiciera y que siguiera resistiendo, lo cual fue también de mucha ayuda, ya que ese apoyo, aunque remoto, elevó mucho mi moral.

Mi hijo me dijo por teléfono: “Te voy a llevar tu libro de Dafa”. Cuando lo llevó, la doctora encargada le comentó que era muy raro que alguien de ahí, y en esas circunstancias, quisiera un libro. Lo abrió para revisarlo y lo autorizó junto a un par de lentes y otras cosas.

Al otro día llegó hasta mi cama una bolsa con el libro, una enfermera me lo entregó y, cuando lo recibí, me dio mucho gusto. Abracé el libro Zhuan Falun y tuve la sensación de que era como un salvavidas, un flotador en medio de ese terrible, oscuro y tempestuoso mar, que a partir de ese momento se fue calmando.

Las órdenes de los doctores era que tenía que estar boca abajo la mayor parte del tiempo posible, ya que esa postura ayuda mucho a desinflamar los pulmones y facilita la respiración. Así que, estando en esa postura tan difícil e incómoda para leer, fue que comencé a estudiar Zhuan Falun. Como pude me acomodé con una almohada ortopédica que me había mandado mi hijo y cada vez que podía, lo abría y continuaba leyendo. Fue como si lo estuviera leyendo por primera vez y creo que fue muy distinto y especial a las lecturas de antes y después de esa experiencia.

Un día llegaron tres doctores juntos, dos hombres y una mujer. El más joven empezó a presionarme otra vez con que firmara, porque me podría dar un paro respiratorio, un paro cardiaco o un derrame cerebral; la otra doctora dijo: “Ni siquiera puede respirar, mire su estómago cómo sube y baja, bien agitado de que está muy sofocado”; mientras, el tercer doctor extendía el papel y la pluma para que firmara. Les dije: “No voy a firmar, porque me voy a curar”. El doctor joven contestó: “No hay cura para esto”. Le pregunté: “¿Y los que han salido?, él contestó: “Es porque se recuperaron”, y le dije “Yo también me voy a recuperar”. Ya no me dijeron nada, se dieron la vuelta y se fueron, no insistieron más.

Un milagro se manifiesta

Una mañana, después de haber desayunado y de vuelta a la rutina de estar boca abajo, abrí el libro Zhuan Falun en donde me había quedado el día anterior; me puse los lentes y comencé a buscar el párrafo. 

Me sorprendí que los renglones se veían muy borrosos y no se entendía nada, pero de repente, y en medio de toda la borrosidad, había un renglón que se veía muy claro y nítidamente, en medio de los de arriba y los de abajo que se mantenían borrosos. Con extrañeza leí ese renglón, el cual decía con precisión y claridad "He curado de raíz tus enfermedades". Me sorprendió sobremanera y le di las gracias infinitas a Shifu. Después, quise leer de nuevo ese renglón y lo busqué afanosamente pero no lo encontré. Fue aún mayor mi asombro al darme cuenta que tal frase no existe en el libro.

Recuperación después de estudiar el Fa y practicar los ejercicios 

En cuanto pude comenzar a mover poco a poco mi cuerpo, y aun antes de poder ponerme de pie, comencé en la orilla de la cama a hacer el primer ejercicio de la práctica. Era tal el esfuerzo, que caía rendido; y así, poco a poco, fui haciéndolos, hasta que días después me pude poner de pie y completar el juego de ejercicios.

A los tres días de esa experiencia, y después de más de dos semanas de haber estado en el hospital, un doctor me dijo: “Ya la libraste, ya no tienes Covid. Te voy a hacer tu pre-alta y la otra semana te vas a tu casa”. 

Después de 18 días de haber ingresado, salí del hospital. El camillero que me sacó en silla de ruedas me dijo en el elevador: “Acabo de sacar un paciente que no la libró y usted lo venció”. No le contesté nada, solo pensé que no había sido yo, sino Shifu.

Salí muy débil y con poca movilidad. Aún estuve dos meses más con oxígeno. Seguí estudiando el Fa y, lo primero que hice cuando pude salir a la calle, fue ir solo al sitio de práctica a hacer los ejercicios; pude experimentar una sensación de infinita gratitud hacia Shifu e inevitablemente las lágrimas me inundaron. En ese momento, solté todos esos sentimientos que estuve conteniendo durante mi estancia en el hospital; después de eso sentí una gran liberación y un gran cambio en mi vida.

La lección que aprendí es que el camino del Fa se tiene que hacer con respeto, rectitud y devoción.

Si hay algo incorrecto o fuera del Fa, por favor háganmelo saber.

Muchas gracias a Shifu por su infinita y divina misericordia.

Gracias, compañeros.

(Presentada en la Conferencia de Intercambio de Experiencias de Falun Dafa en México 2021)

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