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Noticias tardías: mujer de Mongolia Interior muere por la persecución de su fe

Sept. 8, 2022 |   Por un corresponsal de Minghui en Mongolia Interior, China

(Minghui.org)

Nombre: Bu Guoqin
Nombre chino: 步国芹
Género: Femenino
Edad: En sus 60 años
Ciudad: Chifeng
Provincia: Mongolia Interior
Ocupación: Empresaria
Fecha de muerte: Desconocida
Fecha del último arresto: mayo de 2000
Último lugar de detención: Campo de Trabajos Forzados de Tumuji

La Sra. Bu Guoqin, empresaria de la ciudad de Chifeng, Mongolia Interior, sufrió muchas dolencias y vivió una vida muy difícil durante muchos años. Sin embargo, sus síntomas desaparecieron rápidamente después de que comenzó a practicar Falun Dafa, una antigua disciplina espiritual de ejercicios meditación, en 1997.

Guiada por las enseñanzas espirituales de Falun Dafa, la Sra. Bu también dejó de estar resentida con su esposo que jugaba y había tenido una aventura y trató de ser más considerada con él. A medida que avanzaba con la práctica, su hijo, que nació con hidrocefalia (agua en el cerebro) y todavía no podía caminar cuando tenía diez años, también se recuperó y pudo empezar a bajar las escaleras solo.

Sin embargo, la vida feliz de la Sra. Bu se detuvo repentinamente cuando el régimen comunista chino ordenó la erradicación de Falun Dafa de China en julio de 1999 debido a su popularidad sin precedentes. La Sra. Bu fue arrestada y soportó horrendas torturas mientras cumplía dos condenas en un campo de trabajos forzados por defender su fe. Por temor a verse implicado en la persecución, su marido la obligó a firmar un acuerdo de divorcio y tomó posesión de todos sus bienes, incluida la casa y sus ahorros.

Después de que la liberaron, la Sra. Bu luchó por recuperarse frente el grave deterioro de su salud a causa de las torturas y finalmente falleció (fecha desconocida). Ella estaba en sus 60 años.

A continuación, se muestra una revisión de la persecución que sufrió la Sra. Bu.

Arrestada por apelar por el derecho a practicar Falun Dafa

La Sra. Bu y otra practicante, la Sra. Zhai Cuixia, fueron a Beijing para apelar por el derecho a practicar Falun Dafa en octubre de 1999. Las autoridades se negaron a dejarlas entrar en la oficina de apelaciones del Consejo de Estado (donde los ciudadanos tienen derecho a apelar) y llamaron a la policía. La policía detuvo a las Sras. Bu y Zhai y las encerró en el Centro de Detención de Xicheng.

Los guardias obligaron a la Sra. Bu a ponerse en cuclillas en el baño e instigaron a otras reclusas a echarle agua fría. Si gritaba en protesta, las reclusas le echaban más agua encima. Después de la tortura inicial de la “ducha”, las reclusas la golpearon con sus zapatos. Su cuerpo estaba cubierto de moretones.

Los guardias también obligaron a la Sra. Bu a recitar las reglas del centro de detención. Cuando ella se negaba a cumplir, alegando que no había infringido ninguna ley y que no era una delincuente, la obligaban a permanecer de pie o en cuclillas durante toda la noche. Después de 13 días, ella y la Sra. Zhai fueron llevadas de vuelta a Chifeng.

Tan pronto como entraron al Centro de Detención del Distrito de Yuanbaoshan, fueron recibidas por docenas de reporteros, quienes las fotografiaron a ellas y a los agentes que las escoltaban y les preguntaron por qué fueron a Beijing. Dijeron a los reporteros que la persecución era ilegal y que la propaganda en televisión contra Falun Dafa era inventada. Un oficial les gritó y les ordenó que se detuvieran. Las amenazó con golpearlas, pero cedió porque las cámaras aún estaban encendidas. Después de que los reporteros se fueron, los guardias del centro de detención obligaron a las mujeres a permanecer de pie en el pasillo que no tenía calefacción hasta la medianoche de un gélido día de invierno.

Un día, un guardia atrapó a las Sras. Bu y Zhai haciendo los ejercicios de Falun Dafa. Las llevó a la oficina del subdirector y las golpeó. Cuando las practicantes lo acusaron de violar las reglas del centro de detención, el director dijo que hacían excepciones para los practicantes de Falun Dafa. “Si mueren, contará como suicidio. Son como un polluelo para nosotros y podemos hacer lo que queramos”, dijo.

Al día siguiente, los guardias pusieron grilletes en las piernas de las practicantes y esposaron sus brazos detrás de sus pies. Bautizaron la tortura como "Alcanzar los grilletes". De esta manera, las Sras. Bu y Zhai no podían sentarse con la espalda recta, tampoco podían acostarse o pararse. Los grilletes y las esposas permanecieron puestos durante días, lo que les causó un dolor insoportable. Hicieron una huelga de hambre hasta que cesaron las torturas. En los siguientes dos meses, se vieron obligadas a arrodillarse y ponerse en cuclillas durante períodos prolongados todos los días.

Torturada en el centro de detención de Pingzhuang

Trece días después, en mayo de 2000, tanto la Sra. Bu como la Sra. Zhai fueron trasladadas al Centro de Detención de Pingzhuang. Otras seis practicantes también fueron detenidas allí, incluidas las Sras. Liu Xiaoxin, Xin Xiuying, Zhang Xiuqin, Wang Xiufang, Li Cuilan y Zhang Yuling.

Cuando las practicantes se negaron a renunciar a Falun Dafa, los guardias las privaron del sueño y las obligaron a hacer la “caminata del pato”. En esta tortura, las practicantes fueron obligadas a ponerse en cuclillas sobre sus pies descalzos, con ambas manos detrás de la espalda, mientras cargaban 27 kilos de harina de maíz. Se vieron obligadas a caminar de un lado a otro en esta posición durante toda una mañana en los calurosos días de verano sobre suelo arenoso. Como la Sra. Bu no podía ponerse en cuclillas, se vio obligada a gatear cargando la harina de maíz en la espalda, lo que le arruinó las rótulas.

Después de que las practicantes regresaron de terminar la “caminata del pato”, los guardias las obligaron a sentarse en agua helada y otros detenidos les arrojaron cubos de agua fría. Incluso las practicantes que estaban teniendo sus períodos menstruales fueron sometidas a este trato inhumano.

Cuando las practicantes permanecían impasibles a pesar de la tortura, los guardias les ordenaban entonces que saltaran continua y rápidamente levantando las piernas. Si disminuían la velocidad, los guardias las azotaban con un tubo de plástico de 4 cm de diámetro. Al ver que todavía podían saltar después de un rato, los guardias las obligaron a saltar bajo el sol abrasador y les vaciaron las botellas de agua. Las obligaron a saltar durante más de una hora.

Más tarde, las practicantes fueron obligadas a hacer el "salto de rana". Se las obligó a ponerse en cuclillas juntas en una fila, con la persona de atrás sujetando las orejas de la persona de delante. Se las obligaba a saltar simultáneamente sin soltar las orejas. Las orejas de algunos practicantes se desgarraban y sangraban.

En otra tortura, los guardias obligaron a las practicantes a saltar en círculos sobre una pierna, todavía sujetando las orejas de las demás.

En una ocasión, los guardias apuntaron a las practicantes con la manguera utilizada para regar el jardín, haciendo que casi se ahogaran.

Una noche, un guardia pretendió dejar dormir a las practicantes y les hizo tumbarse boca abajo en la cama, tras privarlas del sueño durante días. Luego ordenaron a los reclusos que les echaran agua. Como las camas estaban conectadas, la ropa de todas y las necesidades diarias guardadas debajo de la cama quedaron empapadas.

Los guardias dijeron a las practicantes que una vez que renunciaran a Falun Dafa, las torturas cesarían. Como no lo hicieron, los guardias las desnudaron y les azotaron la espalda con un cinturón de cuero, lo que llamaron la tortura de "piel abierta". Mientras las azotaba, el director del centro de detención, Zhang Haiqing, gritó: "Si no consigo enderezarlas esta noche, dejaré mi trabajo como director. Las haré probar la dictadura del proletariado. Las haré pedazos o incluso las mataré a golpes".

Las azotaron tan brutalmente que algunas practicantes perdieron el conocimiento. Los guardias les daban patadas en la cabeza para ver si estaban vivas. Después de tres horas de esto, las practicantes consiguieron volver a su celda a las 2 de la madrugada. El ruido de los latigazos parecía un petardo. Todas estábamos aterrorizadas y llorábamos".

Las guardias esposaron a dos practicantes juntas. No pudieron acostarse del todo para dormir, ni pudieron quitarse la ropa empapada.

A la mañana siguiente, un guardia llevó a las practicantes al despacho del director Zhang. El director, tras enterarse de que habían ido a Beijing para hacer un llamamiento a favor de Falun Dafa, les dio una patada. Otros guardias les propinaron descargas eléctricas.

Tras dos meses de detención, la Sra. Bu fue condenada a un año de trabajos forzados y llevada al Centro de Detención de la ciudad de Chifeng. Los guardias la golpearon y la maltrataron verbalmente cuando se negó a recitar las normas del centro de detención. Hizo una huelga de hambre para protestar.

Campo de trabajos forzados para mujeres de Tumuji

La Sra. Bu fue trasladada al Campo de Trabajos Forzados de Tumuji en agosto de 2000, tras dos semanas en el centro de detención. Ella y otras catorce practicantes fueron recluidas en una gran sala. Mientras hacían los ejercicios de Falun Dafa la primera noche, los guardias entraron corriendo y las golpearon. El guardia Wu Hongxia les golpeó la cara con un zapato, mientras las maltrataba verbalmente. A algunas practicantes les sangraba la nariz y otras tenían moretones por todo el cuerpo.

Las practicantes fueron obligadas a pasar la noche en cuclillas. Durante el día, las practicantes eran sometidas a sesiones de lavado de cerebro.

Tras los tres meses iniciales de tortura, solo seis practicantes, incluida la señora Bu, no habían renunciado a Falun Dafa. Los guardias les ordenaron entonces permanecer de pie todo el día bajo el sol abrasador. La tortura terminó después de que ella y las demás hicieran una huelga de hambre para protestar por la persecución.

Posteriormente, las practicantes fueron asignadas al segundo pabellón del campo de trabajo, donde se las obligó a cosechar maíz enterrado en la nieve. La temperatura en el invierno en Mongolia Interior es siempre bajo cero y cuando el viento les soplaba en la cara, se sentía como un corte con un cuchillo. Si se quitaban los guantes mojados, se quedaban helados en poco tiempo. El trabajo solía durar un día entero. Siempre almorzaban en el campo y volvían por la tarde.

La Sra. Bu nunca había realizado trabajos duros, por lo que el intenso trabajo agrícola al que se veía obligada le pasaba factura a su salud. Le costaba levantarse cada día y siempre estaba dolorida.

Sucumbir a la desesperación física y mental

Cuando la Sra. Bu fue liberada en mayo de 2001, se enfrentó a una situación desesperada, ya que lo había perdido todo a causa del divorcio. Se quedó en casa de su hermana durante un tiempo y luego se mudó, no queriendo suponer una carga adicional para su hermana. Más tarde se alojó en una casa abandonada, que no tenía calefacción en invierno.

Cuando su hija dio a luz más tarde, la Sra. Bu se quedó con ellas para ayudar a cuidar a su nieta. Debido a su continuo esfuerzo por generar conciencia sobre la persecución, fue detenida de nuevo y se le impuso otra condena en el Campo de Trabajos Forzados de Tumuji. Allí también fue sometida a intensas torturas, lavados de cerebro y abusos verbales. Las reclusas la vigilaban las 24 horas del día.

Tras ser liberada, la Sra. Bu sucumbió a las lesiones causadas por la tortura y el tormento mental, y finalmente falleció.

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