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El Maestro me dio una nueva cara: Recuperación milagrosa de una grave quemadura

Sept. 5, 2021 |   Por Han Mei, practicante de Falun Gong en China

(Minghui.org) Empecé a practicar Falun Gong en 1998. Soy campesina y tengo más de 50 años.

Cuando comenzó la persecución a Falun Gong en 1999, me asusté y mi cultivación fue intermitente. Volví a practicar de forma constante en 2010. El Maestro no se dio por vencido y ha estado velando compasivamente por mí todo este tiempo.

Me gustaría compartir cómo me beneficié de mi práctica de Falun Gong.

El Maestro me dio una nueva cara

Debido al miedo a la persecución y al engaño de la propaganda del PCCh, mi marido siempre había desaprobado que yo diera a conocer la persecución al público. Un día, estaba borracho y empezó a tirar cosas nada más llegó a casa. Agarró un termo que yo acababa de llenar con agua hirviendo y lo golpeó. La botella se rompió y el agua abrasadora me salpicó la cara.

Me sobresalté y tomé una toalla para limpiarme la cara. Se desprendió un gran trozo de piel. Mi marido estaba aterrorizado y medio despierto de su borrachera. Gritó: "¡Oh, no! Te he desfigurado la cara". Llamó a un taxi para que me llevara al hospital.

Le dije tranquilamente: "No voy a ir al hospital. No estoy desfigurada. Tengo al Maestro. Estaré bien solo estudiando las enseñanzas del Fa en casa y haciendo los ejercicios. No te preocupes".

Mi marido se asustó mucho: "Lo que quieras hacer, hazlo. No te molestaré más...". Esa noche salió a comprar una pomada para las quemaduras y quiso aplicármela en la cara. Me negué. Durante el forcejeo, el frasco de pomada cayó al suelo y se rompió. Se enfadó, pero no se atrevió a perder los nervios. Limpió el estropicio y ya no me obligó a aplicarme la pomada.

También me compró unos antibióticos. Para tranquilizarlo, le dije que lo pusiera sobre la mesa y que yo los tomaría más tarde. Por supuesto, nunca los toqué.

Salvo una pequeña zona al final de la oreja, toda mi cara estaba quemada. Pero no sentí dolor, ni pensé nunca en lo mal que me había quemado. Sabía que el Maestro soportaba la mayor parte de mi sufrimiento. Sabía que el Maestro me protegía.

Varios días después, una capa de costras comenzó a crecer en mi cara. Me miré al espejo: ¡toda mi cara estaba oscura! Me daba miedo mirarme. Me esforcé por no dejar que me moviera el corazón ni me molestara. Me pregunté dónde tenía yo una brecha que las viejas fuerzas aprovecharon para perseguirme de esta manera.

El Maestro nos dijo:

Esto es el Fa rectificando el universo. En el mundo, meramente están las manifestaciones de las vidas de bajo nivel bajo la embestida de los inmensos cuerpos celestiales. ¿Qué pueden hacer los humanos contra los dioses? Si no hubiese factores externos, ¿qué se atreverían a hacer los humanos contra los dioses? Las manifestaciones de la sociedad humana son meramente causadas por el control y la manipulación de vidas en niveles altos” (En la rectificación del Fa se necesitan pensamientos rectos, y no corazones humanosEscrituras esenciales para mayor avance III).

Me di cuenta de que se trataba de una contienda entre la rectitud y el mal. No podía salir a la calle de esta manera, así que tranquilicé mi mente y comencé a leer las enseñanzas del Fa una tras otra.

Veinte días después, sentí picor en la cara. Algunas costras cayeron con solo un ligero toque. Lenta y suavemente fui retirando las costras. ¡Vaya! ¡No tenía cicatrices! ¡Mi rostro estaba renovado! Parecía más joven, con una piel más tersa y clara.

Se lo enseñé a mi marido: "¡Mira, no me has desfigurado! Mi apariencia era más joven y con una mejor complexión. ¡El Maestro me dio un nuevo rostro! Mira tu gran cicatriz cuando te quemaste con el tubo de escape de la moto. ¡Qué diferencia puede hacer Dafa!".

¡No dijo nada, pero por su expresión, seguramente estaba asombrado por el poder curativo de Falun Dafa!

A partir de ese momento, ya no me impide estudiar las enseñanzas de Fa ni hacer ejercicios.

La historia de mi suegra

Mi suegra estaba enferma desde que la conocí. Después de que empecé a practicar Falun Gong, le dije que dijera las frases: "Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno", y que eso la ayudaría. Me respondía a menudo: "Oh, soy vieja. He vivido lo suficiente. No te preocupes por mí".

Un día, me dijo que tenía una protuberancia dentro de la nariz. Recibió un tratamiento en una clínica, pero no funcionó. Más tarde, le costaba abrir la boca y eso afectaba su ingesta de alimentos. Le dije que tal vez debía ir a un mejor hospital para que la examinaran. Ella se negó, pues le preocupaba que le costara demasiado dinero.

Después de la cena de esa noche, fui a su habitación y le pedí sinceramente que dijera las dos frases conmigo. Le dije que no quería verla sufrir y que solo quería que volviera a estar sana. Esta vez, no se negó y repitió las frases después de mí. Le dije que recitara estas frases siempre que quisiera.

Al día siguiente me fui a trabajar temprano. Cuando volví, me dijo encantada que ya no necesitaba ir al hospital: ¡la bola dentro de su nariz había desaparecido! A partir de ese día, cada vez que me levantaba por la mañana y hacía los ejercicios, podía oírla recitar las frases una y otra vez.

Cada día estaba más sana. Cómo deseo que otros puedan ser tan afortunados como mi suegra, que aprendan la verdad sobre Falun Dafa y sean bendecidos y protegidos.

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