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​Mujer muere hace 18 años en prisión, pero todavía no han devuelto su cuerpo a su familia

Jun. 4, 2019 |   Por un corresponsal de Minghui en Beijing, China

(Minghui.org) La señora Wang Kefei murió el 20 de diciembre de 2001, unas horas después de que los guardias del campo de trabajos forzados de mujeres Heizuizi, en Jilin, la llevaran al hospital de otro campo de trabajos forzados en Tiebei. La mujer de 35 años estaba cumpliendo una condena en el campo por negarse a renunciar a Falun Dafa, una práctica de cultivación que mejora la mente y el cuerpo perseguida por el régimen comunista chino desde julio de 1999.

El campo de trabajo afirmó que la Sra. Wang había contraído fiebre debido a que se pinchó en un dedo con una espina de una flor. Estaba consciente y caminaba por su cuenta cuando la trasladaron al hospital. El registro de admisión, por otro lado, indicó que estaba en coma cuando la llevaron al hospital.

La familia de la Sra. Wang exigió saber por qué había una discrepancia tan grande en cuanto a su estado y quién era responsable de su muerte no natural. Sin embargo, las autoridades del campo de trabajos forzados insistieron en que dieran su consentimiento para que su cuerpo fuera cremado de inmediato. La familia se negó a firmar los documentos y a dar la noticia a los lugareños. Cuando empezaron a aparecer volantes y carteles por toda la ciudad que contaban a la gente que una mujer joven había muerto en el campo de trabajos forzados, las autoridades no se atrevieron a incinerar el cuerpo de la Sra. Wang sin el consentimiento de su familia.

El cuerpo de la Sra. Wang ha permanecido desde entonces en la morgue. Las solicitudes de su familia para ver o reclamar su cuerpo han sido denegadas repetidamente durante los últimos 18 años. Los familiares recordaron una reunión con el jefe del campo en 2015, en la que este les dijo que antes de que se les permitiera ver su cuerpo tenían que reconocer que la Sra. Wang no había sido perseguida hasta la muerte.

Una bondadosa y noble mujer

Foto: La Señora Wang Kefei cuando era joven.

La Señora Wang Kefei nació el 22 de agosto de 1967, en una familia normal de la ciudad de Chancun, Jilin. Su padre era contador y su madre trabajaba en una fabrica. Tenía dos hermanos y una hermana, todos mayores que ella. Era bondadosa y amigable y su conducta era fina y elegante.

Comenzó a practicar Falun Dafa, también conocido como Falun Gong, en 1994 y se conducía de acuerdo con los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. En los diez años que trabajó en la sucursal de Nanguan del Banco Agrícola de la ciudad de Changchun, Jilin, muchos compañeros del trabajo y clientes la elogiaban debido a su integridad y su carácter recto.

Múltiples arrestos por apelar por su fe en Beijing

El 22 de julio de 1999 la señora Wang y muchos practicantes de Falun Dafa fueron a Jilin a apelar por su fe ante el gobierno, tras presenciar cómo los medios de comunicación controlados por el gobierno comenzaban a transmitir noticias sobre la campaña de persecución contra Falun Dafa y sus practicantes. La Sra. Wang se entristeció por la situación y decidió apelar ante el gobierno central de Beijing junto con otros practicantes.

Oficiales uniformados y vestidos de civil se encontraban por todas partes en la estación del tren local, interceptando e interrogando a cualquiera que sospecharan que podía ser practicante de Falun Dafa. La Sra. Wang logró esquivar a su marido, que era policía, y evitó a la policía en los controles de carretera. Viajó en un automóvil conducido por un pariente cercano y de confianza. Llegó a Siping (otra ciudad de la provincia de Jilin, a unos 120 km (75 millas) de Changchun) y desde allí tomó el tren a Beijing.

Entre julio de 1999 y agosto de 2001, la Sra. Wang logró llegar a Beijing en cuatro ocasiones para apelar a su fe.

Fue arrestada en Beijing el 27 de septiembre de 1999 y llevada de vuelta a Changchun por los oficiales del departamento de policía de la ciudad de Changchun. Permaneció un tiempo detenida en el centro de detención de Balibao. La oficina 610 ordenó a la dirección del Banco Agrícola que la hicieran renunciar a practicar Falun Dafa y prometiera no ir de nuevo a Beijing para apelar contra la persecución. Pero se negó, así que la oficina 610 hizo que el banco asignara a personas para que la vigilaran todo el día, violando flagrantemente su libertad.

La Sra. Wang se vio obligada a renunciar a su trabajo y eventualmente trabajó en una tienda para poder ganarse la vida. Años después, un funcionario del banco la elogió y dijo: "Wang Kefei era una empleada tan buena y su trabajo era el mejor". Otra la recordó: "Una joven tan agradable tuvo que dejar su trabajo. ¡Qué brutal e inhumano es el partido comunista!".

En 2000, el marido de la Sra. Wang solicitó ingresar en el partido comunista chino, que es un requisito previo en China para un ascenso profesional. Se le comunicó que su esposa debía renunciar a su fe; o eso se convertiría en un obstáculo si quería alcanzar puestos de alto nivel. Cuando la Sra. Wang se negó a renunciar a su fe, su esposo se divorció y la echó de su casa.

Sin un lugar donde vivir, tuvo que mudarse con frecuencia y abrirse paso por sí sola para criar a su hijo pequeño.

Atada de manos y pies

Debido a que no renunció a su fe, fue arrestada y detenida en repetidas ocasiones. Durante su arresto en el centro de detención de Tiebei, en la ciudad de Changchun, en octubre de 2000, fue torturada por hacer los ejercicios de Falun Dafa.

Los guardias le pusieron pesados grilletes en los pies y en los puños con una cadena corta de hierro. Con este dispositivo de tortura, no podía sentarse, ponerse en cuclillas, pararse ni acostarse. Tenía que mantener el cuerpo acurrucado todo el tiempo. No podía realizar actividades normales, como comer, beber o ir al baño. Después de estar con este dispositivo de tortura durante mucho tiempo, sufrió una tensión muscular grave, tumefacción en sus extremidades e insomnio. La mayoría de la gente solo podía soportar la tortura durante 48 horas, pero la Sra. Wang fue torturada durante 11 días seguidos.

Foto: Ilustración de la tortura: Encadenada de manos y pies.

Para que sufriera aún más, los guardias le ordenaron que subiera y bajara las escaleras con los grilletes cuando la conducían a sus sesiones de interrogatorios. Además la hacían caminar por un largo y oscuro pasillo. El ruido de los grilletes que se arrastraban en el piso de cemento se podía escuchar desde lejos.

Perseguida hasta la muerte por hacer huelga de hambre en protesta por el trabajo esclavo

La Sra. Wang fue a Beijing de nuevo el 1 de agosto de 2001 y levantó una pancarta que decía: "Falun Dafa es bueno", en la plaza de Tiananmen. Fue retenida en el centro de detención de Tiebei y luego trasladada al campo de trabajos forzados de mujeres de Heizuizi a finales de agosto.

Fue encerrada en el sexto equipo en el campo de trabajo. Las guardias usaron numerosos métodos para intentar que dejara de practicar Falun Dafa. Una vez fue golpeada hasta que perdió el conocimiento. No cooperó ni cedió. Soportó tranquilamente los tratos inhumanos sin odiar a las guardias que no sabían lo que era Falun Dafa.

Fue transferida al tercer equipo en noviembre de 2001. Este equipo tenía un alto porcentaje de “personas transformadas" (porcentaje de practicantes que se vieron obligadas a abandonar sus creencias), las guardias siguieron moviendo a las practicantes a diferentes equipos, cada uno de los cuales se enfocaba en formas específicas de tortura. La especialidad del séptimo equipo era el trabajo esclavo de alta intensidad. Las reclusas, incluidas las practicantes, tenían que trabajar desde las cuatro de la mañana hasta las diez de la noche, a veces incluso hasta la medianoche o las dos de la madrugada. Algunas reclusas no pudieron resistir el duro trato y se desmayaron.

Una noche a finales de noviembre, todas las internas trabajaron hasta las dos de la madrugada. La Sra. Wang se levantó y dijo: "No cometimos ningún delito. No deberíamos ser tratadas de esta manera". La capitán Luan Yunjuan, que estaba a cargo de la producción del taller, la sacó a rastras y la golpeó. Pero insistió en su inocencia y comenzó a protestar con una huelga de hambre.

La guardia Wang Lihua del tercer escuadrón la encerró en confinamiento solitario al final de la galería. Estaba atada al marco de hierro de una litera en posición de pie. Pronto, sus pies y piernas se hincharon mucho, sus articulaciones no podían moverse. Se sintió mareada y casi se desmayó, ya que todavía estaba en huelga de hambre.

Según los relatos de algunas praticantes, escucharon a la Sra. Wang gritar desde el final del pasillo: "Bájenme. Me has encerrado aquí durante nueve días".

La Sra. Wang era alimentada a la fuerza una vez cada pocos días en la enfermería del segundo piso. Según algunas practicantes que presenciaron el proceso de alimentación forzada, la acostaron en un banco largo. La reclusa Ji Fengqin le agarró las manos y otra reclusa, Guo Liying, le agarró de los pies. La doctora de la enfermería Guo Xu, con un pie pisando el banco, le metió un tubo en la fosa nasal y le dijo: "¿Estás aguantando la respiración? No hay problema, tengo mucho tiempo. Te esperaré".

Todo esto sucedía mientras la guardia Wang Lihua estaba sentada cerca y observando. En aquel momento, ya habían pasado más de diez días desde que empezara la huelga de hambre la Sra. Wang y se encontraba extremadamente débil. La alimentación forzada resultó muy dolorosa y sangró tan profusamente que la sangre cubría completamente su rostro. Cuando otras practicantes trataron de limpiarle la cara, la guardia Wang Lihua no las dejó.

Veinticinco días después de comenzar la huelga de hambre, el 20 de diciembre de 2001, murió en el hospital del campo de trabajos forzados. Durante este período, las guardias asignaron a varias internas para que la vigilaran. Las reclusas a menudo la insultaron y golpearon. Un día, la reclusa Ji Fengqin la abofeteó en la cara varias veces. Las guardias presentes en la escena no la detuvieron.

Un día las guardias ordenaron a las reclusas, incluyendo a Ji Fengqin, Sun Liying y Li Jie, que trajeran cuatro bancos a la habitación y colocaran una tabla encima de los bancos. Llevaron a la Sra. Wang a la plancha para humillarla y la insultaron con un lenguaje vulgar. También estuvieron presentes en la escena las capitanas Liu Hu y Hou Zhihong, del séptimo equipo.

La Sra. Wang estaba extremadamente débil después de varias sesiones de alimentación forzada, pero se le ordenó que caminara sola sin ayuda. Las guardias incluso le ordenaron que bajara a buscar varios objetos y los llevara arriba. En los últimos días de su vida, no pudo levantarse después de la alimentación forzada. La reclusa Qi Xiuqin fue asignada para llevarla de vuelta a su celda. Un día Qi la tiró de espaldas al suelo y la pateó dos veces.

El 20 de diciembre, las autoridades la enviaron al hospital rápidamente. Murió allí el mismo día, a la edad de 35 años.

La Sra. Li Chunhuan, una empresaria de la ciudad de Shulan, Jilin, fue detenida en el mismo equipo que la Sra. Wang. La Sra. Li escribió en su denuncia penal contra el exjefe del partido comunista chino, Jiang Zemin: "Wang Kefei fue torturado hasta la muerte por protestar contra el trato inhumano. La vi por última vez en el pasillo. Ese día su cara estaba llena de moretones. Me miró y parecía que quería decir algo, pero las presas que la miraban la empujaron por el pasillo. De repente me gritó: "Por favor, tráeme el papel higiénico que guardaba en tu casa". Sabía que tenía cosas que decirme, así que me fui corriendo a buscar el papel higiénico, con la esperanza de tener la oportunidad de hablar con ella. Sin embargo, las internas no me dejaron. Al día siguiente, las guardias nos mintieron diciendo que había sido liberada y se la habían llevado a casa. Más tarde, después de que me soltaron, me enteré de que había muerto. Fui testigo de cómo una joven vida era perseguida hasta la muerte. Agonizaba porque una persona tan bondadosa, madre, esposa e hija, nos había abandonado. Su familia quedó destruída".

Declaraciones contradictorias sobre la condición de la Sra. Wang

Cuando la familia llegó a la morgue, vieron sus pantalones tirados en el suelo. Su expresión facial sugería que luchó en sus últimos momentos. Un rollo de papel higiénico estaba envuelto alrededor de su cuello. Su brazo tenía una cinta hemostática. Su mano izquierda estaba hinchada como un bollo al vapor. Llevaba un suéter deshilachado con las mangas enrolladas hasta la axila. No había ropa que cubriera la parte inferior de su cuerpo.

Aunque la morgue estaba fría y cubierta de escarcha, la cara y el cuerpo de la Sra. Wang aún estaban tibios al tacto, lo que sugería que había sido colocada allí antes de morir. Al ver esto, su madre se cayó al suelo gritando de dolor. Los otros miembros de su familia le preguntaron al jefe del hospital cómo murió y por qué no le notificaron a su familia en cuando la trajeron. El jefe del hospital huyó de la escena rápidamente.

Su familia exigió en ese momento que el fiscal Wei, quien estaba a cargo del campo de trabajo, sellara los registros médicos para mantener las pruebas. Wei utilizó todo tipo de excusas para no permitir que su familia viera los registros médicos. Los registros eventualmente fueron presentados a la familia después de una discusión entre la procuraduría, las autoridades del campo de trabajo y el hospital del campo de trabajo.

Las autoridades del campo de trabajo afirmaron que la Sra. Wang tenía una espina clavada en el dedo que la llevó a tener fiebre alta y que decidió ir al hospital. El médico de la enfermería Guo Xu, que también alimentó a la Sra. Wang a la fuerza, dijo que ella estaba hablando y riendo cuando salía del campo de trabajo en dirección al hospital.

Sin embargo, el registro del examen en el momento de la admisión mostró que no sentía sus extremidades, sus párpados estaban inertes y se encontraba en coma cuando fue llevada al hospital.

La familia de la Sra. Wang sospechaba que las autoridades del campo de trabajo estaban tratando de encubrir lo que le hicieron y que la llevó a tener una muerte no natural.

La familia de la Sra. Wang exigió que el campo de trabajo encontrara a los responsables de su muerte y los llevara ante la justicia. Las autoridades del campo de trabajo pidieron a la familia que firmara un formulario de consentimiento para cremar su cuerpo. Se negaron y presentaron varias denuncias contra la procuraduría y el campo de trabajo. Sin embargo, nunca han recibido una resolución justa.

Según un practicante de Falun Dafa en la ciudad de Changchun, incluyeron la noticia de la muerte de la Sra. Wang en casi todos los volantes de Falun Dafa que produjeron en ese momento. Como el caso fue ampliamente expuesto y llamó la atención de la población, las autoridades del campo de trabajo no se atrevieron a incinerar su cuerpo en secreto.

En 2002, el campo de trabajo propuso que se hiciera una autopsia. Su familia lo rechazó debido a su preocupación de que fuera un juego sucio.

"Debes admitir que no fue perseguida hasta la muerte"

La familia de la Sra. Wang recordó una reunión que tuvieron con el jefe del campo de trabajo en 2015.

Un familiar dijo: "Hace 15 años que no vemos a Wang Kefei. Solo queremos ver su cuerpo para que podamos hacerle un funeral apropiado. Queremos saber si su cuerpo sigue aquí. Hemos escrito cartas cada año pidiendo ver su cuerpo".

El jefe del campo de trabajo respondió: "El cuerpo sigue aquí. Puedo dejar que veas el cuerpo, pero primero debes admitir que no fue perseguida hasta la muerte".

El familiar expresó: "No tienen pruebas que demuestren que murió por una causa natural. En pocas palabras, no es una muerte natural". Las autoridades no cedieron a su petición.

Hasta hoy, el cuerpo de la Sra. Wang sigue en la morgue. Durante estos últimos años, las autoridades del campo de trabajo han estado tratando de incinerar el cuerpo. Incluso intentaron secuestrar a un niño de diez años de un pariente de la Sra. Wang con el fin de presionarlo para que firmara el acuerdo de incinerar el cuerpo.

Las autoridades del campo de trabajo también ordenaron a las guardias y a las reclusas que proporcionaran testimonios falsos, manipularon los registros sobre el trabajo esclavo de la Sra. Wang y difundieran rumores de que "su familia estaba feliz por su muerte".

Esclavitud en el campo de trabajos forzados de Heizuizi

El campo de trabajos forzados de Heizuizi era originalmente una pequeña instalación casi desmantelada con menos de 100 reclusas criminales. Después del inicio de la persecución a Falun Dafa, se expandió hasta convertirse en una prisión masiva que podía detener al menos a 800 prisioneras con más de 200 guardias de prisión. En 2002, a veces había más de 1.000 presas.

Para perseguir a los practicantes de Falun Dafa, el régimen comunista no escatimó esfuerzos para invertir en los campos de trabajo. Se construyeron varios edificios nuevos en el campo de trabajo de Heizuizi, tales como un dormitorio, área de recepción, gimnasio, centro de salud, auditorio, cafetería, baños y oficinas. Pero la mayoría de estas mejoras eran solo para mostrarlas, para que las vieran los visitantes, no para beneficio de las detenidas allí.

Mientras tanto, el campo de trabajo duplicó el salario de las guardias, convirtiéndolo en un lugar muy deseado para trabajar. Mucha gente tuvo que sobornar a las autoridades para tener la oportunidad de trabajar allí.

El campo de trabajo de Heizuizi era conocido por sus reclusas que trabajaban demasiado y no cobraban. De acuerdo con las leyes, las presas pueden tener siete días libres en los cuatro períodos de vacaciones nacionales, que son el día de Año Nuevo, Año Nuevo Chino, el día de mayo y el día nacional. Pero las reclusas no tuvieron todas las oportunidades que se merecían.

Todos los días, las practicantes tenían que levantarse a las 5:30 de la mañana y trabajar más de 10 horas sin descanso ni tiempo libre. Cuando no trabajaban, se veían obligadas a ver programas de propaganda difamando a Falun Dafa. El único tiempo libre que tenían era para dormir.

Cuando las practicantes no podían terminar el trabajo esclavo durante el día, las guardias las obligaban a trabajar de noche, a veces hasta las dos de la madrugada.

El 8 de marzo de 2000, las guardias ordenaron a las practicantes que recogieran unas 90 toneladas de frijoles y los embolsaran en un plazo de tres días. Tuvieron que llevar las bolsas de frijoles de 45 kg (100 libras) abajo y las de 64 kg (140 libras) de frijoles sin recoger arriba. Muchas practicantes se lesionaron la espalda. Algunas estaban exhaustas, especialmente las ancianas.

Las guardias a menudo les asignaban los trabajos más sucios, como desenterrar las raíces de los árboles, transportar carbón, transportar sacos de frijoles y limpiar las alcantarillas, a las practicantes que se negaban a renunciar a sus creencias.

En una ocasión, una practicante se vio obligada a desenterrar un árbol sola, mientras que tres o cuatro reclusas no practicantes desenterraron uno juntas. Para sacar el árbol, se ordenó a cuatro practicantes que llevaran el árbol más grande bajo el sol ardiente. Entre ellas había una mujer de unos 50 años y una pequeña practicante. El árbol era tan grande y pesado que solo podían moverlo lentamente con la espalda doblada. Las guardias de la prisión no paraban de gritarles e instarlas que se dieran prisa, y aun así afirmaban que eran "demasiado compasivos" con las practicantes.

Torturas en el campo de trabajo forzado

La notoria expansión del campo de trabajo de Heizuizi resultó teñida con la sangre de las practicantes, como en un infierno viviente.

En mayo de 2000, el campo inició la llamada campaña de transformación. Para forzar a las practicantes a renunciar a su fe, las guardias las torturaban día y noche. Los gritos de las practicantes, los sonidos de descargas de picanas eléctricas, y los sonidos de varias herramientas de tortura usadas para golpear a las practicantes se podían escuchar en todas partes.

En solo dos días, muchas practicantes fueron vistas a la hora de la comida con lesiones brutales. Algunos tenían la cabeza hinchada. Algunos tenían la cara magullada. Algunos cojeaban y tenían que caminar con bastones. Algunas nunca regresaron.

La Sra. Shang Dongxia fue esposada y colgada en una habitación solitaria durante siete días. También estuvo atada a un banco de la muerte durante cinco días. En otra ocasión, fue arrojada desde un segundo piso. Se desmayó durante 15 minutos. Sufrió una conmoción cerebral y vomitó sin parar durante todo el día.

La persecución se agravó en torno a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Cientos de practicantes fueron detenidas. Muchas quedaron paralizadas o mentalmente desorientadas por la tortura.

Practicantes perseguidas hasta la muerte

Además de la Sra. Wang Kefei, docenas de practicantes de Falun Dafa también habían sido perseguidas hasta la muerte en el campo de trabajo forzado. Algunas de las víctimas incluían:

Yin Shuyuin y Hou Lijun (ambas de la ciudad de Chungchun); Xuan Honggui y Wang Yuhan (ambas de la ciudad de Meihekou); Wang Xiulan y Cui Zhengshu (ambas de la ciudad de Jilin); Zhang Yulan (de la ciudad de Baishan); y Han Cuiyuan (de la ciudad de Siping).

A continuación se describen algunos casos de persecución.

La Sra. Yin Shuyuin

La Sra. Yin Shuyuin fue electrocutada por todo su cuerpo con picanas por decir: "Falun Dafa es bueno". También fue severamente golpeada y pateada. Una guardia de la prisión golpeó su cabeza contra la pared, causándole una grave hemorragia. Debido a las repetidas torturas, murió el 28 de mayo de 2000.

La Sra. Yu Lixin

La Sra. Yu Lixin fue detenida ilegalmente en esta prisión en 2000. La torturaron tanto que la prisión tuvo que enviarla al hospital de seguridad pública. Un testigo reveló que la Sra. Yu era continuamente perseguida en el hospital.

El testigo dijo: "La Sra. Yu estaba atada en la cama y tuvo un tubo gástrico y un catéter urinario durante un largo período de tiempo. Estaba empapada en la orina debido a una fuga en el catéter. Incluso fue golpeada por una presa instigada por una guardia. También la insultaban. Quedó demacrada por la larga tortura".

Murió después de que la trajeran de vuelta al campo.

La Sra. Zhang Yulan

La Sra. Zhang Yulan fue llevada al campo de trabajo de Heizuizi en enero de 2002 después de haber sido brutalmente torturada durante cinco horas seguidas en el centro de detención de la oficina forestal de Baihe. También soportó otra brutal tortura durante ocho meses en esta prisión antes de ser puesta en libertad. Falleció el 8 de octubre de 2002.

La Sra. Han Chunyuan

La Sra. Han Chunyuan fue condenada ilegalmente a cuatro años de prisión en 1999. Desde que la llevaron al campo de trabajo de Heizuizi, había sufrido repetidas torturas brutales con descargas eléctricas. Murió en julio de 2002.

La Sra. Lu Suqiu

La Sra. Lu Suqiu fue detenida ilegalmente en el campo de trabajo de Heizuizi durante ocho meses. Durante su detención, se vio obligada a asumir una carga de trabajo muy pesada.

En enero de 2001, dos guardias malvadas intentaron forzarla a renunciar a Falun Dafa amenazando en quitarle el tiempo de descanso a todos los miembros de su equipo. En abril, la persecución se intensificó después de que le dijo a una líder de la división de educación laboral bajo el comité judicial nacional que había obtenido muy buena salud por practicar Falun Dafa.

La Sra. Lu se declaró en huelga de hambre durante el Día del Trabajo (1 de mayo) para protestar contra la persecución. Fue alimentada a la fuerza con sopa de mostaza y pasta de arroz. Repetidamente sufrió descargas eléctricas en el pecho, que le causaron daños en el corazón y hemorragias. Su salud se deterioró tanto que la prisión la puso en libertad condicional para evitar cualquier responsabilidad legal por sus malestares. Más tarde murió por el abuso mientras estaba detenida en el departamento de policía de Jilin.

Epílogo

El ahora desaparecido campo de trabajo de Heizuizi fue uno de los numerosos lugares donde el régimen comunista ha perseguido a los practicantes de Falun Dafa. Aunque a muchos de los campos de trabajo se les dio nombres tan extravagantes como "escuelas de enseñanza de la nomocracia" o "centros de educación ideológica", no pudieron ocultar sus brutales y malvados crímenes contra la humanidad.

La Sra. Wang Kefei es una de los 4.304 practicantes de Falun Dafa que han sido perseguidos hasta la muerte por el régimen comunista. Han pasado dieciocho años y las quejas de su familia aún no han sido atendidas. Su familia y las de otros practicantes de Falun Dafa continúan sus esfuerzos para llevar a los perpetradores ante la justicia.