(Minghui.org) Hace dos años estuve detenida por mi creencia en Falun Gong y encarcelada en varias prisiones. Viví algunas experiencias difíciles pero gratificantes y he mejorado enormemente como practicante.

En la estación de policía

La policía nos detuvo a mí y a varios otros practicantes en octubre de 2014. Esa noche, mientras estaba esposada en la comisaría, le aclaré la verdad a un oficial de servicio. Tan pronto como entendió la verdad, me dio una tarjeta que podía abrir todas las puertas de la estación de policías.

Me dijo que me podía ir, pero me negué porque no quería que el oficial sufriera las consecuencias, y tampoco me quería convertir en una fugitiva. Él admiró mi valentía y dijo: "En verdad eres una persona que practica Verdad-Benevolencia-Tolerancia".

En el centro de lavado de cerebro

En el centro de lavado de cerebro, las personas que colaboraban con el personal me amenazaron que podría ser detenida por más de diez años y que me iban a torturar hasta renunciar a la práctica. También amenazaron con encarcelar a mi familia. Pude sentir el mal en el aire. Me di cuenta que tenía que eliminar mis apegos fundamentales.

Pensaba muy seguido en mis planes. No quería morir, pero prefería morir que escribir una declaración de renuncia a Falun Gong. No quería estar en la cárcel y ser torturada, pero prefería ser torturada que rendirme al mal.

Me sentí terrible porque tenía que renunciar a mi hogar cómodo, coche, ropa bonita, rostro atractivo, admiración de los demás, buen trabajo y al apego a mi hermano menor. Traté de pensar en base al Fa. Sabía que la elección que enfrentaba hacía la diferencia entre lo humano y lo divino.

En el proceso de tratar de pensar como una practicante, empecé a fortalecer mi fe y supe que no vivía para mí, sino para los seres que tenían grandes esperanzas en mí. Tenía que ser fuerte, incluso si eso significaba que tenía que hacer sacrificios.

Le pedí al capitán de seguridad interna que sus colaboradores dejaran de tratar de persuadirme a renunciar a mi fe. Le dije: "Si tiene algo que decirme, me puede hablar directamente, en vez de mandar a esas personas. Ya no son practicantes de Falun Gong. Aparte de insultarme, no tienen nada más que decir".

Entonces, el capitán les ordenó a sus colaboradores que dejaran de molestarme.

Les aclaré la verdad a las personas que se turnaban para vigilarme. Una había sido engañada por la propaganda difamatoria en contra de Falun Gong. Me dijo: "Estaba muy asustada. Al principio, no me atrevía a dormir junto a ti. Ahora te estoy hablando porque pareces una buena persona, con buena educación, y razonable".

Después de que le aclaré la verdad, una comenzó a hablarles a las demás acerca de Falun Gong. Algunas renunciaron al partido comunista chino (PCCh), y otras me trajeron comida de fuera.

El capitán me pidió los nombres de otros practicantes. Me negué y le dije que no le iba a dejar que haga cosas malas a personas inocentes. Dijo que yo no estaba siendo inteligente y que no pensaba rectamente. Le contesté que quería que él fuera capaz de mantener su conciencia limpia. Pareció sorprendido y conmovido.

El capitán se portó amable conmigo y les pidió a los oficiales que me trajeran agua. A veces me traían comida. En una ocasión, lo vi tomar píldoras para la hipertensión, por lo que comencé a aclararle la verdad, usando ejemplos de aquellos que persiguieron a los practicantes y finalmente murieron de ataques cardíacos repentinos.

Al final, estuvo de acuerdo que Falun Gong era bueno y empezó a sentarse con las piernas cruzadas como si fuera a meditar. Me dijo que sólo estaba haciendo su trabajo pero que, si algún día se iba a reconsiderar Falun Gong, se convertiría en un practicante. No me podía dejar ir, pero les iba a hablar bien de mí a sus superiores. Antes de enviarme a un centro de detención, me siguió recordando que tenga cuidado.

En el centro de detención

Me dije que debía olvidar todo, excepto hacer bien las tres cosas. Quería que los otros internos vean la bondad de Falun Gong en mí.

Sin dejar que las nociones humanas obstaculicen la salvación de la gente

A menudo compraba comida y se la daba a las reclusas que eran mayores que yo. No me importaba pasar hambre. La comida que recibíamos era siempre escasa y, si no se tenía dinero para comprar alimentos adicionales, uno era obligado a pasar hambre. También compartí con las demás la ropa y los zapatos que mi familia me traía.

Una persona me pidió prestada una chaqueta gruesa y no me la devolvió hasta el día que la liberaron. Hizo mucho frío al final del año y tenía quemaduras por el frío en todas partes, pero no me importó. Mientras la gente comenzó a ver que una practicante puede ser desinteresada, empecé a aclararle la verdad y a ayudarla a renunciar al Partido.

La jefe de una sección me hacía pasar por malos momentos repetidamente, pero seguí mirando hacia adentro, sabiendo que no estaba lo suficientemente compasiva a la hora de derrotar al mal. Sabía que tenía que aclararle la verdad, a pesar de su actitud.

Comencé diciéndole que tenía algo importante que decirle y, si no lo hacía, lo lamentaría por el resto de mi vida. Para mi sorpresa, después de que supo la verdad, ella renunció al partido con una sonrisa. Se convirtió en una amiga que confiaba en mí. Según mi entendimiento, cuando un ser quiere ser salvado, no necesariamente lo pediría o diría cosas agradables. En cambio, te podría golpear y regañar. No debía dejar que mis nociones me detengan de salvar a la gente.

"Los practicantes de Falun Gong son diferentes"

Cada vez que llegaban las compras, siempre dejaba que las otras reclusas escogieran primero, aún sabiendo que tomaban más de lo que habían comprado. Yo nunca tomé más de lo que pagué y otras reclusas comenzaron a hacer lo mismo. Ayudé a cambiar algunas reglas injustas en la celda con respecto a las nuevas reclusas, para que no sean acosadas. Se volvió un ambiente en donde todas se ayudaban unas a otras. Muchas reclusas nuevas dijeron que allí no se sentía como una prisión, sino más bien como un hogar.

En las reuniones semanales les conté a las demás cómo me medía de acuerdo con los principios de Falun Gong, y encontraba las deficiencias que debía eliminar. La reclusa que era la jefa de la celda siempre decía que sería genial si todas fueran como yo. Una vez, en una reunión, les dije que vi a dos personas peleando. Shifu dice:

“…Cuando dos personas tienen conflictos y una tercera persona los ve, incluso esta tercera persona debe pensar sobre qué es lo que ha hecho mal y por qué se le da la oportunidad de ver esa escena”. (Exponiendo el Fa en el Fahui del Este de los Estadios Unidos)

Les dije que había encontrado mis apegos a luchar y ganar, y quería eliminarlos porque no quería lastimar a los demás. Poco a poco, todas aprendieron a mirar hacia adentro.

Escribí los poemas de Hong Yin y todo el mundo estaba ansioso por leerlos. Una vez, una niña pequeña vio a dos personas discutiendo y recitó rápidamente:

“El que tiene la razón es él, 

El que está equivocado soy yo 

¿Por qué contienden?”. 

(Hong Yin III)

Una mujer mayor dejó caer accidentalmente un frasco de pepinillos en el inodoro, por lo que se iba a bloquear y causar molestias a docenas de personas. La mujer estaba aterrorizada. Yo sabía que no era una casualidad haber sido testigo.

Metí mi brazo en el inodoro y encontré el frasco. Era tan fangoso y resbaladizo que no lo podía sostener. Me tomó mucho tiempo para poder sacarlo finalmente. Mi mano me dolía y estuve a punto de vomitar.

Una persona a la que nunca le había caído bien se me acercó y dijo: "Los practicantes de Falun Gong son diferentes. Tienes mi respeto”. Ella cambió de opinión sobre los practicantes. Ese día me dio una manzana, y fue la manzana más sabrosa que había comido. Sabía que era Shifu, animándome.

Una drogadicta recién llegada no tenía dinero ni con qué taparse, y nadie quiso ayudarla. Le di mi colcha nueva y los fideos que acababa de comprar. Un día, ella me gritó delante de todos: "No me gustas. Me desprecias. Ya no quiero tener nada que ver contigo".

Me tomó desprevenida pero recordé rápidamente que era una practicante. Le pedí disculpas y le dije que debió haber sido un malentendido. Ella se sintió avergonzada y no supo qué decir. Una noche fui y hablé con ella detenidamente. Le aclaré la verdad y renunció al partido y a sus organizaciones afiliadas.

"¿Por qué no renuncias a Falun Gong?"

Las reclusas de mi celda sugirieron que escribiera las declaraciones para renunciar a Falun Gong, porque así podía regresar a casa. Me llamaron tonta por negarme a hacerlo.

Yo sabía que ellas querían lo mejor para mí. Les hablé acerca de mis dificultades y que había renunciado a mi vida hermosa en este mundo por la verdad del universo. Una de ellas dijo en voz alta: "Te apoyo. Tocaste mi corazón cuando dijiste que estabas dispuesta a abandonar tu hogar, coche, ropa bonita y vida cómoda. Yo vivo para esas cosas, y te admiro".

Sueños de una compañera de celda

Una de mis compañeras de celda me habló sobre un sueño que tuvo. En el sueño, ella sufría de herpes y se recuperó en cuanto le toqué la frente y le di una pastilla. Creía que ella tenía una buena base y una relación predestinada conmigo. Cuando le hablé acerca de Falun Gong, me dijo que yo era como su familia, y a menudo hacía el turno de noche en mi lugar, para no despertarme.

En otra ocasión, la misma compañera de celda dijo que escuchó un fuerte ruido en un sueño. "Todo el mundo estaba aterrorizado y buscaba un lugar para esconderse. Te vi vistiendo ropa elegante, sentada con las piernas cruzadas en el cielo. Te veías muy bella. Nadie entendía lo que decías, excepto yo. Estaba traduciendo para ti. Nos dijiste que llegabas a ofrecernos salvación, y que no debíamos tener miedo. La oscuridad se iba y el amanecer estaba por delante de nosotros. Tu voz penetraba toda la dimensión". Me sentí abrumada y casi lloré. Supe que era Shifu, animándome.

Mientras más doy, más gano

En la celda había una mujer muy rica que era atea y a menudo discutía conmigo. Miré hacia adentro y quise encontrar lo que había hecho mal. Había hablado con ella, pero nunca creyó nada de lo que dije sobre Falun Gong y sobre los seres divinos. Sin embargo, con el paso del tiempo, ella se enteró sobre la persecución y vio en mí la bondad de una practicante.

Cuando otros se aprovecharon de mí, me dijo que no había manera que ella lo pudiera tolerar. Le expliqué frecuentemente los principios del Fa y comenzó a ser capaz de controlar su impulso de luchar con los demás cuando surgían los conflictos. Dijo que yo era la única persona de allí a quien respetaba. Un día, me dijo que creía lo que había dicho sobre los seres divinos y que iba a leer los libros de Falun Gong después de que sea liberada.

Para mí, persuadirla fue un proceso de cultivación. Vi mi arrogancia y terquedad en ella y, lentamente, eliminé estas nociones. Antes de que se fuera, me dijo que había ganado algo en prisión y que, si no fuera por su familia fuera, se quedaría en la cárcel conmigo durante muchos años. Estuve muy contenta por no haber renunciado a ella.

"Todos podrían comenzar a practicar Falun Gong debido a ti"

Hice un postre juntando ingredientes para el cumpleaños de una reclusa. Todas se llevaron dos galletas. Cuando llegó mi turno, tomé dos, como las demás, pero luego regresé una. Otra compañera me vio y declaró inmediatamente: "De ahora en adelante, quiero aprender de ti".

Mientras estaba caminando en el patio, vi unos cacahuetes en el suelo. Los recogí y los limpié. Cuando me preguntaron por qué había hecho esto, les dije que no había suficiente comida para todos. Si podía comer los cacahuetes, o alimentos que tiran los demás, podría guardar mi comida para otras reclusas, especialmente para las recién llegadas.

Cuando se rompían las cosas y nadie se hacía responsable, lo asumía yo. Ellas sabían que no había sido yo y ponían fin a las discusiones. Usé mi dinero y ofrecí arreglar el inodoro cuando se rompió. Muchas reclusas me dijeron que estaban encantadas de haberme encontrado en la cárcel y que yo era su pilar espiritual.

Después de un año en el centro de detención, adquirí una mejor comprensión de la compasión y del perdón. Se trató de abrazar a todo lo relacionado con los seres conscientes, incluyendo sus diferencias y sus nociones. Consideré las cosas desde sus puntos de vista, las acepté y las animé, sin importar quienes eran en la superficie. Ya no me importan las cosas superficiales. Cuando vieron la Verdad-Benevolencia-Tolerancia en mí, ellas se asimilaron naturalmente y respetaron a Falun Gong.

La celda permaneció tranquila y pacífica durante mucho tiempo. Todas las reclusas se cuidaban entre ellas y hablaban sobre aprender Falun Gong cuando salieran. Todas supieron la verdad y más de 50 reclusas que entraron y fueron liberadas decidieron renunciar al partido.

El día que fui liberada, ellas lloraron y me despidieron en la puerta. Me sentí triste, como si me hubiera despedido de la familia. Al contar la historia a la gente fuera, una persona me dijo: "Seguramente las autoridades querían liberarte. Si te hubieras quedado allí más tiempo, todos habrían estado practicando Falun Gong".

Feliz de ser una verdadera practicante

Durante el tiempo en que estuve encarcelada, Shifu no me abandonó. No perdí nada. En cambio, he ganado mucho y experimenté la felicidad de ser una verdadera practicante. Solté mis apegos a la fama y ganancia, y las emociones. Ya no sentí ira y odio, como si estas cosas no tuvieron ningún efecto en mí. Es verdad que todo lo que sucede en nuestro camino de la cultivación es una cosa buena.

Unos días antes de mi liberación, pude ver y sentir a mi alrededor algunos rayos de luz coloridos. Un mes después de que fui liberada, cuando enviaba pensamientos rectos y dije la palabra "mie", la palabra se convirtió en una gran esfera transparente. La palabra era hecha de Fa y llena de Faluns y Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Mi cuerpo se expandió como lo hizo la palabra "mie". Los pensamientos rectos eran enormemente poderosos.

Quiero agradecerle a Shifu por todo lo que me ha dado y a los compañeros practicantes por su ayuda desinteresada.